Hace poco, en una entrevista en Puro Ultra, me preguntaron directamente qué es para mí la ultradistancia. Y casi al mismo tiempo, escuchaba a Juan Antonio Flecha debatir sobre lo mismo en La Obsesión ciclista de Fred porque a Fred, que se estaba iniciando, le habían soltado el clásico “eso que has hecho no es una ultra” tras completar 300 kilómetros.
Como si hubiera un comité de sabios midiendo con una regla qué esfuerzo merece el adjetivo y cuál no.

Yo suelo decir que voy a hacer una “ultra” por simple economía de lenguaje. Es una forma rápida que uso para dar a entender que me voy a meter en un fregado de bikepacking, que no voy a tener asistencia, que voy a ir solo y que, probablemente, voy a pasar al menos una noche rodando. Siempre en el marco de una prueba organizada. Cuando lo hago por mi cuenta, nunca digo: me voy de ultraciclismo. Digo voy a hacer cicloturismo o bikepacking.
Para mí, ahí reside la esencia: en la gestión de la noche y la autosuficiencia con un toque de competitividad. Pero, aunque abusemos de él (yo el primero), el término no nos pertenece. Mucho antes de que el bikepacking se pusiera de moda, en el Mountain Bike ya existían pruebas de 200 o 300 kilómetros que se llamaban así.
Y tenían todo el sentido del mundo porque estas pruebas duraban en muchos casos 12 horas o más. Una eternidad comparadas con las cicloturistas al uso.
¿Pero de verdad importa tanto el significado? ¿De verdad necesitamos que alguien desde fuera valide nuestro esfuerzo para sentir que ha valido la pena?
A veces parece que la palabra “ultra” nos hace sentir más especiales, como si nos diera un estatus de logro superior. Y yo soy en parte responsable de eso, porque la uso y la promuevo en el podcast Construyendo Ultraciclismo. Pero si tú te metes 300 kilómetros entre pecho y espalda y alguien te dice que “eso no es una ultra”, la realidad es que tu experiencia no cambia ni un ápice. El dolor de piernas es el mismo, el amanecer que has visto es igual de increíble y la satisfacción de llegar a casa es la misma. Que el diccionario de otro no coincida con el tuyo no debería quitarte ni un gramo de orgullo.
Parece que si no hay tres dígitos en el Garmin y vuelves a casa con las mismas pintas que de una rave, la salida no cuenta. Y es un error. Ni cualquier prueba debería poner el prefijo “ultra” solo para parecer mayor, ni somos nosotros nadie para juzgar lo que cada uno quiera ponerle a su evento, o sentir que ha hecho en su fin de semana.
Al final, “ultra” es un adjetivo. Y los adjetivos son lo de menos. Lo importante es el sustantivo: la bici, la ruta y lo que sientes cuando las juntas. Llámalo como quieras, pero sobre todo, disfrútalo sin esperar que nadie te dé el carné de ultraciclista.
En el I Bikepacking Camp en casa de Sergio de MadChain, no haremos ultraciclismo ni lo pretenderemos.
Comeremos bien, dormiremos bien y lo pasaremos bien (como siempre!).














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