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En este episodio nos sumergimos en la emocionante experiencia de uno de los eventos más duros de ultraciclismo: la Atlas Mountain Race.
Sergi Alonso comparte su viaje a través de los desafíos, las condiciones climáticas brutales y la resiliencia mental necesaria para terminar la carrera.
Borja: Ahí estás, estupendo. Ahí estás, pintado. Pues vamos a darle. Sergi, buenos días, bienvenido al podcast.
Sergi: Bueno, Borja, un placer estar en tu podcast.
Borja: ¿Cómo te va la vida?
Sergi: Pues bien, bien, bien cansado, recuperando de toda la experiencia y alucinando con lo hecho. He sido el finisher más finisher de todos, pero muy contento, la verdad.
Borja: Has sido el finisher más finisher de todos. Como bien dices, fuiste el último en llegar a meta en tiempo. Creo que no he llegado a ser el último, ¿no?
Sergi: Casi. Sí, no, todavía… creo que no, que hay dos o tres más, me parece. Pero bueno, por ahí. Me ha cambiado mucho. Desde luego, en el juego ese de a ver quién pillaba a quién, si el caracol a los participantes o los participantes al caracol, ¿tú te acabaste comiendo el caracol?
Sergi: No, no me alcanzó, pero de una manera inesperada, Borja. Yo me levanté el último día pensando que iba a abandonar porque me había encontrado muy mal durante la noche. Cuando me desperté, vi que subía todavía un ciclista hacia arriba y pensé: “Oye, tienes un día más hasta pillar el avión, como mínimo acaba el recorrido aunque no sea en tiempo”. Salí y, bueno, me fui encontrando bien. Hizo un día horrible que no voy a olvidar nunca porque hubo un viento tremendo, pero fue saliendo. Me fueron animando desde casa, los amigos y demás, y eso fue un empujón tremendo para, sorprendentemente, poder pillar al caracol. Cuando salí lo tenía a 60 kilómetros, o sea que yo no daba ni un duro.
Borja: Para el que se haya perdido y no sepa de qué hablamos con el caracol: el caracol es cuando hacemos el seguimiento DotWatcher; en el mapa están los puntitos y siempre hay un caracol que es el que marca el ritmo más lento posible para que entres en tiempo. Y ese caracol en esta carrera, en la Atlas Mountain Race, este año ha ganado yo creo que a más que en ninguna otra edición, porque ha sido un descalabro. Creo que la han nominado como la más dura de todas, y eso que cada año dicen que es la más dura, pues este año más todavía.
Sergi: Es lo que te iba a decir. Yo siempre lo he oído, que cuando era por el calor era por el frío y demás. Yo sí que puedo asegurarte que este año ha sido muy duro. No sé los otros, pero hemos pillado de todo: algo de nieve, algo de lluvia… bueno, lluvia a la salida ya de entrada, que fue súper duro. Mucho viento, muchísimo viento, nieblas y un poquito de todo. No ha faltado de nada.
Borja: ¿Qué te atraía de la Atlas Mountain Race para participar en ella?
Sergi: La verdad es que a nivel de ventas, de saberse promocionar, lo hacen súper bien y hacen unos vídeos súper guapos. A mí Marruecos es un país que me gusta mucho. He estado anteriormente por otros temas, por escalada y demás, unas cinco veces por allá abajo. Me gusta mucho y poderlo recorrer con la bicicleta era una cosa que tenía pendiente. Para mí ha sido muy exigente. No quería hacer un viaje de bikepacking, buscaba apretarme un poco dentro de lo que cabe. Todo el quedar último ha sido muy exigente; los tiempos creo que no regalan absolutamente nada. Necesitas estar ahí un poco bien para poder guantarlo.
Borja: Cuando se acercaba la fecha, ya sabíais lo mal que iba a estar el clima.
Sergi: Sí. Mira, yo pasé las dos semanas anteriores a la fecha de salida fatal de nervios porque iba controlando la meteorología e iba viendo que estaban cayendo unos paquetes de nieve allí. Estaba súper dura la meteo, mucho frío. Yo miraba el recorrido original y decía: “Yo no sé cómo lo va a hacer este hombre para meternos por ahí”. Aparte, en el kilómetro 170 o 180 nos teníamos que meter por unas gargantas en las que el agua tenía que ir por dentro del agua durante 12 kilómetros carreteando la bici.
Borja: ¿Qué dices? Espérate, ¿esto sobre el papel o fue la consecuencia de que hubo un temporal?
Sergi: No, no. En el manual, cuando te explican cómo va a ser el recorrido, ya te dice que en ese kilómetro aproximadamente hay las gargantas de Goúne, y has de ir por dentro de las gargantas. Vas por un sendero de mulas que va serpenteando un río hasta que llega un momento en que tienes que hacer X kilómetros por dentro del agua, siempre cuando el agua no te pase de las rodillas. Si pasara de las rodillas es que el río va demasiado crecido y no se puede pasar. Era como un punto muy bestia. Entonces, con toda la nieve que había caído, pensaba: “Este hombre cómo nos va a meter por ahí”. Aparte, antes de llegar allí teníamos que pasar como dos o tres pasos de 2.500 metros de altura. Yo lo veía muy liado. Uno o dos días antes nos dijo que se iba a tener que variar el recorrido, pero que lo iba a intentar variar lo mínimo posible. La variante fue bastante bestia: tuvo que variar 200 kilómetros del inicio, añadiendo 100 kilómetros más al recorrido. Sí que eran todos por carretera y el tío, en plan broma, dijo: “Pero os doy una hora más”.
Borja: O sea, que la predicción de hacer ese barranco por el río con esa norma tan extraña de si el agua no te pasa por encima de las rodillas tienes que ir por la cuenca del río, al final esa parte del recorrido no la llegasteis a hacer. Menos mal.
Sergi: Exacto. No, nos la saltamos. Esa y dos pasos que había de unos 2.500 metros de altura que también eran delicados porque veías las temperaturas y eran bajas, menos tres o menos cuatro, pero de sensación térmica te llegaba a poner hasta menos catorce. No sabías bien qué ropa llevar. Es una barbaridad.
Borja: Cuando iniciasteis la ruta, semanas antes ya sabías que iba a haber mucho frío y mucha lluvia. ¿Qué decidiste llevarte para combatir el frío y la lluvia?
Sergi: Me llevé muchas cosas, iba bastante cargado. Luego abandoné varias, pero con el recorrido definitivo y sabiendo que íbamos a salir lloviendo, llevaba para la lluvia la chaqueta de Gore-Tex, unos pantalones de agua sencillos del Decathlon que a mí me van bien y unos cubrebotas Velotoze que son como una goma.
Borja: ¿Te sirven esos cubrebotas Velotoze?
Sergi: Me sirven… bueno, sirven tanto como me sirvió lo otro, que acabé empapado de sudor. Lo que no te mojaba la lluvia, te lo mojaba el sudor.
Borja: Esos que son como condones de zapatillas no les acabo de pillar el tranquillo porque quitarlos y ponerlos es casi para romperlos.
Sergi: Ya, bueno. Yo salí con ellos ya puestos y cuando me los quité ya no me los volví a poner, los abandoné por ahí.
Borja: ¿Y cuánta muda tenías para cambiarte? ¿Llevabas solamente un culote y un maillot?
Sergi: No, llevaba un culote largo y luego un culote corto de Ciclofactoría con unas perneras. De la parte de arriba fui con una térmica y un maillot de merino de manga larga. Llevaba un chaleco de Primaloft y el plumas para cuando parara, más el Gore-Tex. Aparte de eso, también me llevé un forro de ciclismo, como un forro polar, pero también lo acabé abandonando porque no lo estaba utilizando. Lo llevé más para cambiarme de ropa cuando estuviera todo mojado, pero pasado el primer día dejó de cobrar sentido. Lo estaba arrastrando y no lo hacía servir, así que me quité muchas cosas de encima.
Borja: ¿Andas cómo lo hiciste? ¿Se lo diste a alguien sobre la marcha?
Sergi: Bueno, no directamente porque no me gusta ir regalando cosas, pero pasé por un sitio donde había una gente muy rural trabajando el campo, me paré a reestructurar las bolsas y lo dejé por ahí encima, que lo iban a encontrar seguro.
Borja: ¿Cómo fue ese inicio? Tengo muchas ganas de saber el inicio porque se veía mucha tensión en Instagram. Habían añadido 100 kilómetros más en el último momento, daban mucha lluvia y se subía muy alto. ¿Tú saliste rápido o despacio? ¿Calculabas las horas para que no te pillara la noche en el punto más alto?
Sergi: No, salí de los últimos para no molestar a nadie porque mi intención era en todo momento intentar acabar la carrera. Fui a un ritmo lo más tranquilo y conservador posible. Mojándome, evidentemente, eso estaba cantado. Cuando llegamos a la parte más alta de la subida, que eran unos 1.700 o 1.800 metros, hacía un frío… empezó a soplar el viento, granizo muy bestia. Granizo de ese que te picaba en la cara y no podías ni ver. Por allá arriba ya era de noche y encontraron una casa de unos pastores que la abrieron y había muchísima gente de la carrera ahí metida. Supongo que hicieron algún fuego. Mi primera intención fue entrar, pero vi que había cola y costaba entrar. Di la vuelta a la casa, encontré unas escaleras y me metí debajo lo justo para quitarme el Gore-Tex, ponerme el chaleco de Primaloft para tener algo más y rápidamente salí con la consigna de perder altura porque estaba temblando. Me dije: “Vas a acabar en hipotermia, lárgate de aquí, pierde altura rápidamente”. Tuve unos 6 kilómetros de bajada muy duros, temblando, intentando no perder el control de la bici. Poco a poco, al perder altura, fui entrando en calor y en cuanto la bajada se suavizó y empezamos a pedalear, ya con el movimiento fui recuperando.
Borja: ¿Esto qué hora era?
Sergi: Salimos a las cinco, debían de ser las diez de la noche.
Borja: ¿Y tu misión era llegar hasta dónde para dormir?
Sergi: No tenía una cosa fija. Había hablado con un compañero del trabajo que vino también que un buen sitio, si la cosa estaba muy mal, era llegar a Bofreda, a unos 100 kilómetros. Al final llegamos a este pueblo, era muy pequeño y con el cambio de última hora tampoco se esperaban que pasara toda esa gente por allí, no había mucho movimiento. Yo seguí, la mayoría siguió, y fui tirando hasta tropezarme con un hotel en la carretera. No podía buscar nada por el teléfono. Tropecé con él, entré y me dijeron que estaba completo. Estaba todo el mundo tirado por el salón en unos sillones. Dije que me daba igual, que me tiraba en el suelo. Me hicieron un rincón, pude ponerme allí con una manta y descansar un par de horas. Esto ya eran las cinco de la mañana.
Borja: O sea, que a las diez casi te da una hipotermia por el granizo arriba y aún tuviste que pedalear siete horas más hasta encontrar un sitio.
Sergi: Sí, pero es que igual ya había dejado de llover hacía cinco horas, pero bajaba agua por todos los sitios, todo eran charcos. Iba salpicando agua todo el rato. Me mentalicé en no parar, porque mientras estés en movimiento no vas a tener problemas. Encontré un ritmo suave y fui haciendo hasta que salimos a una nacional y vi la señal de un albergue a 14 kilómetros. Pensé que si estaba abierto me metía, y sí, estaba abierto. Pude dormir un par de horas hasta que la gente se empezó a despertar. Me fui a una estufa que tenía el hombre y estuve dos horas más secando la ropa y comiendo el almuerzo que nos hizo. Y continué.
Borja: Menos mal que en Marruecos son así de hospitalarios, porque en cualquier otro lado ni te abren entrando empapado. ¿Cuántas noches estuviste en total?
Sergi: He tardado ocho días. He entrado en tiempo justo, pero he entrado. Serían siete noches.
Borja: ¿Y las siete has encontrado cobijo?
Sergi: Cobijo encontré esta primera noche en el hotel, y la segunda noche también pillé un hotel sin previsión alguna. Iba por un pueblo y me salió un hombre: “¿Quieres hotel?”. Sí, sí. Me metí allí cuatro horas. El resto de noches, todo vivac.
Borja: ¿Qué llevabas para dormir de vivac?
Sergi: Llevaba una bolsa en el manillar atada en los acoples. Allí llevaba el saco de dormir (material obligatorio), la esterilla…
Borja: ¿Es obligatorio llevar un saco de dormir bueno o se puede con una manta térmica tipo saco?
Sergi: Dicen saco de dormir de mínimo cero grados, me parece. En el control de seguridad miraron que llevaras el saco. Llevaba el saco, una manta térmica para ponerla en el suelo de aislante (llevaba varias), la esterilla y una almohada. Luego tenía un saco de vivac de emergencia, de esos que son como una manta térmica en plan saco. Este lo hacía servir para las paradas cortas. Yo hacía siempre un vivac de entre tres y cuatro horas mínimo, y cuando me volvía a venir el sueño hacía una “power nap” con el saco de emergencia de una horita. Aguantaba como mucho eso porque era incómodo, y volvía a tirar.
Borja: ¿En esa “power nap” ponías esterilla en el suelo?
Sergi: No, me tiraba en el suelo sin quitarme el casco ni nada, me metía enterito dentro del saco de emergencia y una horita. A la hora ya estaba incómodo, me levantaba y tiraba. Me funcionaba.
Borja: Estamos de vuelta, Sergi, disculpa los problemas técnicos. Me estabas contando sobre tus “power naps”. ¿Tenías experiencia haciendo esas cosas de tirarte simplemente con la manta térmica sin esterilla?
Sergi: Alguna, no mucha, pero algo sabíamos. De hecho, coincidí contigo en Lo Vultor y allí alguna cayó.
Borja: Lo Vultor, para quien no lo sepa, es el recorrido de La Garba de 500 kilómetros que se hace en marzo. No tiene mucho que ver con el Atlas, pero te sirvió un poco.
Sergi: Bueno, te iba a decir que sí tiene que ver porque justo al día siguiente de todo esto pillamos una ventolera como la de Lo Vultor. Terrible. De tirarme al suelo de la bicicleta. Un viento brutal. Un trozo que en teoría parecía rápido y donde pensaba recuperar un poquito se volvió tedioso y horrible. No regalaron nada, la meteo fue muy exigente.
Borja: ¿Con qué lo pasaste peor? ¿Con la lluvia del primer día o con el viento posterior?
Sergi: Con los dos. La lluvia fue más corta porque fue el momento de más altura donde te ponías a temblar y tenías claro que o salías rápido o no salías de allí. Una vez pasado ese momento de altura y al perder metros, la cosa mejoró en cuanto a temperatura. Pero la lluvia era incómoda, nos seguimos mojando porque había llovido muchísimo en Marruecos y bajaban todos los torrentes desbordados. Te ibas mojando todo el rato, la bicicleta estaba hecha un Cristo. Creo que fue peor el viento porque era más persistente y te desespera.
Borja: ¿Qué piensas en esos momentos cuando estás a casi 2.000 metros desamparado por el viento en mitad de la nada?
Sergi: Me concentro en salir de ahí. Estaba súper concentrado en decir: “Lárgate de aquí, pierde altura, no pierdas el tiempo intentando entrar en la cabaña que está abarrotada, pásalo mal un rato y mejorará seguro”. Y así fue. Más abajo había gente parada que había hecho fuegos y se estaban calentando.
Borja: ¿Estabas seguro de tu capacidad de sufrir y del material que llevabas?
Sergi: Dudas tienes, claro, porque no había rodado nunca de noche lloviendo a esa altura. Pero una vez allí ves que lo que no puedes hacer es quedarte quieto. Luego encontré un bar abierto donde estaban mirando el fútbol y el hombre me sacó un calefactor de gas y pude secarme un poco los pies.
Borja: ¿Has tenido la sensación de rodar acompañado o has estado prácticamente solo con el Atlas?
Sergi: Vas encontrándote gente. De los últimos me iba encontrando siempre con alguien. Tenía momentos largos de ir solo, pero tarde o temprano te cruzas con los mismos. Al final es gente que tiene tu mismo ritmo. No pasaba de un saludo porque mi inglés no es muy bueno y allí todo el mundo habla inglés. Eran conversaciones muy básicas. Pero es buena esa sensación de saber que si tienes un problema alguien va a pasar y te va a echar un cable.
Borja: Aparte de La Garba y Lo Vultor, ¿habías hecho pruebas de este estilo o solo viajes de bikepacking por tu cuenta?
Sergi: Empecé haciendo rutas de 300 kilómetros como la Gravel Panadera y la Alco Gravel. Luego pasé a La Garba, hice la Kromvoyo y ahora esta.
Borja: Entrenamiento la Kromvoyo, no por tipo de recorrido porque es carretera, pero sí en distancia.
Sergi: Sí, en distancia sí. No acabé la larga al final, en el puerto de Balès pedí clemencia y me pasé a la corta. Pero fue una experiencia muy buena, aprendí muchísimas cosas que me han servido para el Atlas. El Atlas fue un subidón al apuntarme, pero luego lo pensaba fríamente y decía: “Parece que te has pasado de la raya de largo”. Pero ha ido saliendo todo.
Borja: ¿Qué aprendizajes sacaste de la Kromvoyo?
Sergi: El año pasado una parte era por Francia y Aragón. Francia es más especial en cuanto a horarios; si no llegas a la hora te complican el asunto. No son tan amables como los marroquíes. Tienes que ser más previsor si quieres ir de hoteles. Yo en la parte francesa hice vivac. En Marruecos, el hecho de no retirarme fue porque pensaba: “Ya que estoy aquí, no me voy a perder lo que queda de ruta”. En la Kromvoyo no gestioné bien el descanso, sufría de las rodillas y tomé la decisión de retirarme cuando quizás solo necesitaba dormir.
Borja: En Marruecos sí has sabido gestionar esos momentos.
Sergi: Lo he necesitado pero no he podido. El descanso más largo ha sido de seis horas. El último día tuve un problema de malestar subiendo el último puerto, el que llaman el “Stelvio marroquí”. Empecé de noche, hacía mucho viento y a medio puerto empecé a caminar porque las rachas te tiraban al suelo. Caminando perdí la fuerza y me tuve que tirar a la cuneta con el saco de vivac. Estuve una hora allí encerrado con arcadas y un malestar muy bestia. Me recuperé lo justo para bajar aguantando el equilibrio. No llegué ni abajo; tuve que parar en una curva, acabé vomitando y monté el vivac con la idea de abandonar y pedir un taxi al día siguiente para Esauira. Pero a las seis y pico de la mañana, el canto de la oración me despertó, vi pasar a un ciclista y pensé: “Tengo un día más porque el avión es más tarde, igual puedo acabar aunque no sea en tiempo”. Me notaba un poco mejor y volví a probar. Hablé con un amigo que controla mucho y me animó. Me comí lo que me quedaba (dos geles y dos barritas) y una bolsa de frutos secos que llevaba. Fui comiendo continuamente y de golpe me encontraba bien. Fui tirando y al final pude adelantar al caracol y acabar en tiempo. Una sorpresa tremenda.
Borja: Cuéntanos algo bonito que nos dé ganas de ir el año que viene al Atlas.
Sergi: Si os preparáis y podéis ir un poco más fuerte que yo, los paisajes son increíbles. Es una experiencia brutal. Las noches en el vivac con esos cielos son brutales. Hay muchas más cosas bonitas que malas. Solo por rodar por esas pistas ya vale la pena. Tienes una sensación de “París-Dakar” en bicicleta.
Borja: ¿Cómo es la famosa Colonial Road?
Sergi: Es muy bonita. Una carretera de la época colonial con márgenes de piedra. Hay mucha piedra, pero sube con un porcentaje muy bueno, al 6% o 7%. Hay otros tramos que son de cargar la bici y empujarla, brutales. En el tramo de 100 kilómetros sin nada hay unas subidas que cuesta hasta empujar la bici.
Borja: O sea, que aunque no haya nieve ni lluvia, te va a tocar portear la bici siempre.
Sergi: Sí, hay trozos que con todo lo que llevas encima yo creo que ni los primeros los han subido en bicicleta. Es un derroche de energía inútil porque es muy técnico.
Borja: ¿Cuál es la bici ideal para la Atlas Mountain Race?
Sergi: Tanto yo como Leandro, el compañero del curro, hemos ido con una Orbea Oiz y nos ha ido de perlas. Una bici doble. En mi caso con tija telescópica, que la he hecho servir. Una doble es brutal porque la Oiz tiene el mando para bloquear y en carretera se vuelve rígida. En las bajadas rotas se nota mucho la diferencia, pasas a un montón de gente.
Borja: ¿Qué bikepacking llevabas? No es fácil combinar una doble con tija telescópica.
Sergi: Iba con el Tailfin. Como tiene el alargador, tiene un movimiento que absorbe lo de la suspensión. De maravilla. Lo compré de segunda mano cuando hice Lo Vultor. Aparte de eso, en los acoples llevaba una bolsa estanca de Sea to Summit con correas. Ahí llevaba todo lo de dormir. A los lados enganché dos bolsas de portabidones; en una llevaba frutos secos y en la otra cosas a mano como el móvil. También llevaba mochila para el Camelbak (que no usé) y una bolsa de cuadro para la batería externa. La mochila me iba muy bien porque por la noche paraba, cogía las chaquetas del Tailfin, las metía en la mochila y así no tenía que estar abriendo y cerrando el Tailfin, que es más entretenido. Hacía un cambio por la noche y otro por la mañana.
Borja: ¿Has escuchado el último episodio con Willy Mulonia?
Sergi: No he podido todavía.
Borja: Te lo recomiendo. Estuvimos hablando de la Iditarod en Alaska. Él decía que allí nadie te puede salvar, firmas un documento aceptando que estás solo. En la Atlas, ¿notas ese desamparo o tienes esperanza de que alguien venga si pasa algo?
Sergi: No es tan extremo como Alaska. El día que tuve el problema bajé por si pasaba alguien, esa era mi opción. Pero en el aparato de seguimiento tienes un botón de SOS que puedes apretar y acabará viniendo alguien. Hay un coche médico de la organización. No es tan extremo, aunque también te hacen firmar papeles de que ellos no se hacen responsables.
Borja: ¿El tema comida y agua es fácil en Marruecos?
Sergi: Yo creo que sí. Lo más fácil es tirar de las tortillas marroquíes, que las hacen en todos lados, aunque acabas harto. Pero si te mueves un poco y pides otra cosa, te sacan alubias o lentejas. El agua toda la que he bebido ha sido comprada, no hay problema. Hay fuentes en casi cada mezquita. Antes de la Colonial Road llegué muy temprano, estaba todo cerrado y en un puesto militar me llenaron el agua. No es problemático si vas atento.
Borja: Te hago estas preguntas porque estoy pensando en hacerla y a la vez me da miedo.
Sergi: Dale, Borja, que la vas a disfrutar. No tengas ninguna duda. Es dura, pero no hay que asustarse por lo remoto. Incluso en el tramo de 100 kilómetros sin nada no paras de ver pastores y luces. Hay gente en todos lados que te va a echar un cable porque son así.
Borja: Me alegra que me animes. En las pruebas de ultradistancia siempre se sufre, pero la Atlas parece que todo el mundo sufre por sobrevivir, desde los primeros hasta los últimos.
Sergi: Yo reconozco que me ha faltado preparación. Con un poco más de preparación hubiera tenido una experiencia más agradable. Mis problemas han sido por puro agotamiento, por vaciarme.
Borja: ¿Cómo te preparaste físicamente y a nivel de motivación?
Sergi: Físicamente hice entrenamientos de fuerza con una chica que me dio pautas, y me han ido muy bien. En cuanto a equipo, miré todos los vídeos de YouTube de otras ediciones. Tu podcast con Ricard Calmet lo escuché cuatro o cinco veces. Echarle horas a la bici no me cuesta, me gusta estar encima de la bici. El culo me ha reaccionado bien; los primeros días me lo notaba más, pero a partir del tercer día dejé de ponerme crema. Usaba una crema reparadora de farmacia.
Borja: Hay gente que me pregunta qué uso para el culo y no sé qué responder porque yo lo llevo fatal.
Sergi: Cada uno es un mundo. La primera noche con la humedad sufrimos más, pero luego el ambiente es muy seco. Tienes problemas con la garganta, yo iba todo el día con el buff tapado como un tuareg porque hay mucho polvo en suspensión y se me quedaba la boca súper seca.
Borja: Eso lo comentó un chico alemán que quedó entre los primeros. Tuvo que parar por un tema pulmonar de respirar tanto polvo.
Sergi: Fácilmente. Yo me fijaba en la gente de allí, que van todos tapados con el turbante, y decidí hacer lo mismo. Hay fotos mías subiendo la Colonial Road donde voy tapadísimo, no se me reconoce. Hacía sol y calor, pero si te quitabas el buff se te secaba todo muy rápido.
Borja: ¿Qué tienes ahora en el horizonte?
Sergi: Tengo la Kromvoyo otra vez, que me quedó la espinita clavada. Me he vuelto a apuntar a ver si este año puedo acabar la larga.
Borja: Mucha suerte, Sergi. Ya tienes experiencia de sobra después de sobrevivir al caracol de la Atlas.
Sergi: Ha sido una experiencia intensa. Te animo a que vayas, Borja, porque es muy guapa. Yo me apunté tres horas antes de que cerraran las inscripciones y me tocó plaza. Te hacen un cuestionario que hay que tomarse tiempo para rellenar porque has de leer el manual, y ellos hacen la selección.
Borja: Ya te diré si me apunto. Me volveré a escuchar esta entrevista cada vez que dude. Mil gracias, Sergi, ha sido un placer.
Sergi: A ti por el podcast. Gracias, Borja. ¡Chao!


