A escasas horas de afrontar un brevet de 400 km en Murcia, aprovecho para publicar esta entrada con la intención de ayudar a cruzar esa línea a quienes están a punto de dar el paso, pero aún no se han decidido, mostrando algunos de los aspectos más importantes a tener en cuenta.
Es común en el mundillo de los brevets ir perdiendo participantes conforme aumentan las distancias. Los brevets de 200 km y 300 km suelen acaparar un número bastante aceptable de ciclistas, ya que es posible hacerlas en un solo día y, en ocasiones, sin llegar a pasar la noche.
Pero cuando damos el salto a pruebas de 400 km, 600 km o 1000 km, la cosa cambia. Es como entrar en otra dimensión, en un mundo desconocido que puede imponer demasiado respeto.
Hay una distancia en el ultraciclismo que marca un antes y un después: los 400 kilómetros.
Antes de probarlos, ya había escuchado a ciclistas expertos hablar de esta distancia como un punto de inflexión.
No es solo una cifra. Es un territorio intermedio, incómodo y exigente. Ese punto en el que te planteas seriamente si dividir el recorrido en dos etapas o hacerlo del tirón y descubrir qué hay más allá.
La base se construye
Un 400 no se improvisa, se construye. Afrontar esta distancia sin parar no requiere valentía, sino experiencia y preparación.
Aconsejo haber rodado distancias de 200 km con soltura, haber probado al menos algún 300 km, acostumbrar el cuerpo a pasar muchas horas sobre la bici y, si es posible, hacerlo las primeras veces acompañado de un grupo o ciclista experimentado que pueda guiarte.
Ahí es donde empiezas a entender cómo reacciona tu organismo cuando la fatiga deja de ser puntual y pasa a ser constante.
En mi caso, antes de afrontar los 400 km hubo muchos 200, unos pocos 300 y alguna prueba de gravel que superaba los 350 km.
Este camino progresivo es necesario, primero para prepararte físicamente y, segundo, para conocer lo que yo llamo “los clásicos”.
Los clásicos
En las primeras horas todo suele ir bien. Pero el 400 empieza cuando el cuerpo deja de estar cómodo.
Aparecen entonces los clásicos:
- Rozaduras que no estaban al principio
- Manos que se duermen o empiezan a doler
- Molestias en cuello y espalda
- Problemas estomacales
- Incomodidad constante sobre el sillín
- Problemas con la mecánica de la bici
Estos detalles no son secundarios: son determinantes. Y solo se conocen cuando se han vivido… y sufrido.
Comer bien es avanzar
Como se suele decir: “los experimentos, con gaseosa”. En un 400 no hay margen para improvisar. Lo que no hayas probado antes, no lo pruebes ese día.
La alimentación es un pilar fundamental en este puzzle:
- Saber qué te sienta bien y en qué cantidades
- Elegir entre barritas, geles, bebidas con carbohidratos o comida real
- Decidir cuándo comer: de forma constante o en paradas más largas
- Mantener una buena hidratación
- Controlar las sales
El estómago también se entrena. Y cuando falla, todo se viene abajo.
La noche
Si haces un 400 del tirón, la noche estará presente: al inicio si sales muy temprano o en las últimas horas si empiezas con luz natural.
Y, como todo lo demás, rodar de noche también se entrena, porque aparecen nuevos factores:
- Menos visibilidad
- Mayor desgaste mental
- Sensación de soledad
- Bajadas importantes de temperatura
- Gestión de la iluminación y su autonomía
- Ser visible para otros usuarios
- Posibles encuentros con animales
Rodar de noche no es solo pedalear a oscuras. Es gestionar un entorno completamente diferente.
Estrategia
En el ultraciclismo no siempre gana quien más rápido pedalea, sino quien menos tiempo total invierte en completar el recorrido.
Y eso implica planificar:
- La ruta
- Las paradas
- La meteorología
- Los puntos de avituallamiento
- Cuánta comida llevar desde el inicio
- Las horas de noche
- El peso a transportar
Cada decisión cuenta y forma parte del éxito.
Material
Con respecto al material que llevar encima, no es lo mismo afrontar una salida de dos o tres horas que una que supere las 12 o 13 horas. Tendrás que valorar una serie de factores:
- Cantidad de comida a llevar desde el inicio
- Material para resolver posibles averías, como pinchazos, rotura de cadena, lubricante, etc.
- Pilas o baterías de repuesto para la parte electrónica de la bici, especialmente si se trata de una bicicleta moderna
- Ropa necesaria para cubrir toda la distancia, en función de la climatología y la época del año
- Luces y elementos reflectantes para circular durante las horas de noche
- Elementos higiénicos como toallitas, cremas o vaselina
Y todo este material hay que transportarlo. Para ello, tendrás que decidir cómo hacerlo. Existen distintas opciones y marcas, como la española Geosmina, que ofrece una amplia variedad de bolsas de sillín, cuadro y manillar que facilitan el transporte.
Otra alternativa es llevar parte del peso encima, en lugar de en la bici, utilizando, por ejemplo, un chaleco de trail.
Disfrutar para volver
Hay algo que marca la diferencia entre sufrir un 400 o disfrutarlo, incluso dentro de su dureza: prepararlo bien.
Sin improvisaciones:
- Material probado
- Alimentación definida
- Estrategia clara
- Ritmo realista
El objetivo no debería ser solo terminar, sino terminar con buen sabor de boca.
Porque eso es lo que te hará volver. Y no solo volver, sino volver mejor.
Cuando acabas un 400 con buenas sensaciones, puedes analizar, ajustar y empezar a plantearte metas más ambiciosas:
- Mejorar tiempos
- Reducir paradas
- Optimizar la alimentación
- Incluso dar el salto a distancias mayores
Más que una distancia
El 400 es una prueba completa: física, mental y estratégica.
No se trata solo de aguantar, sino de entender tu cuerpo y tu cabeza. Es un viaje hacia tu interior que te hará conocerte mejor.
Espero que estas palabras sirvan para animar y ayudar a aquellos ciclistas que aún no se han atrevido, pero sienten que ha llegado el momento de probar estas largas distancias.










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