Bikepacking: Crónica de una pureza perdida

… publicado originalmente como newsletter en Substack

Tanto ruido está habiendo estos días acerca de la Traka que cuesta entender qué pasó. Desorganización, trampas, falta de ética… Posiblemente, como todo en la vida, el problema está en la ignorancia y las modas, y creo que conviene recordar de dónde venimos para entender mejor lo que somos.

Foto: bite.of.me en Transpyrenees 2021 (by Transibérica)

 

Las pruebas de ultradistancia nacieron ya entrado el siglo XXI como un guiño a los orígenes del ciclismo, donde las etapas eran interminables, había poca vigilancia, la asistencia externa estaba prohibida y los controles eran muy difíciles. Así fue el primer Tour de Francia en 1903. En el de 1904, descalificaron a los 4 primeros por diversas trampas, como coger trenes para atajar y recibir ayuda externa, por lo que la picaresca siempre existió.

¿Y por qué las trampas? Pues porque el premio era una buena suma de dinero, lo equivalente a varios meses de duro trabajo en aquella época.

Lo que hoy conocemos como pruebas de ultradistancia o bikepacking comenzó en 1999 con la Great Divide, que en 2008 evolucionó en la Tour Divide que todos conocemos y que inspiró a Mike Hall a crear la Transcontinental en 2013, sentando las bases de lo que se ha popularizado después y que tanto nos gusta.

Mike Hall lo tenía claro: lo suyo era una carrera, quería a los mejores atletas en ella y que se exprimieran al máximo. Pero no quería premios para no adulterar la carrera. Con dinero de por medio todo se desvirtúa y aparecen las trampas, los casos de dopaje, gente cogiendo trenes o acortando el recorrido…

En esos años, Instagram no era nuestro escaparate y las marcas no creían en este ciclismo. No era fácil dejarse ver, pero más difícil era fingir: estaba quien quería estar. Y más o menos (obviando las diferencias de clases) todos participaban en igualdad de condiciones. Tu bici con ruedas aero ultra ligeras de 4.000€ podían ser tu condena si partías un radio en mitad de Bosnia, donde te sería muy difícil encontrar repuesto. Menos puede ser más. Esa era la filosofía.

Transpyrenees 2020

 

Pero todo cambió, como todo cambia. La visibilidad de estas pruebas fue en aumento, como también la participación y la propia Transcontinental se convirtió en una estructura ultraconservadora, con multitud de reglas y jueces velando por el estricto cumplimiento de las normas y valores que ellos defendían, descalificando a corredores por el más mínimo de los detalles, ganándose así multitud de detractores.

Paralelamente, gente u organizaciones pequeñas empezaron a crear sus propios eventos, con filosofía de autosuficiencia, con normas menos estrictas y menos “olor” a competición, a donde acudían gente con ganas de participar en algo organizado, pero en un ambiente distendido de bikepacking. España puede que sea el país donde más pruebas de este estilo haya.

 

Parece que hay unas normas mínimas comunes básicas en todos estos eventos pero, de momento, no hay organismo que las regule. ¿Hace falta? ¿No nos debería bastar con nuestra propia ética y sentido común? Parece que no.

El boom ha sido tan grande que ex-pros vienen a probar esta disciplina, y por supuesto, a ganar. Las pruebas multitudinarias de gravel, con gran tirón mediático como The Traka, crean distancias “ultra” abriéndose así a este mercado, y acuden participantes que quizá no saben bien de dónde venimos, ni la génesis de todo este movimiento.

Acusaciones de trampas deliberadas, sospechas de dopaje, comportamientos antideportivos… Ahora ya no somos cuatro pelagatos descubriendo hasta dónde podemos empujar nuestros límites. Lo que parecía el refugio de quienes, siendo más o menos competitivos, querían alejarse del ambiente tóxico y hostil de la alta (y media) competición, se sienten ahora arrinconados por una inercia que ha vuelto a poner el foco en el resultado y no en el camino; el refugio se ha vuelto escaparate.

Foto: @conmisojos – 500 Millas Cannibal 2023

 

Pero no hace falta buscar culpables, porque todos los somos en parte. Quienes recomendamos probarlo a un amigo, quienes damos voz a gente a través de un podcast, quien sube la foto de turno a Instagram orgulloso con su medalla de finisher o quien comparte las estadísticas de Strava en una story… Quizás en la misma medida que quien organiza un evento humilde y le pone un precio o quien ve un filón aquí y crea un mega evento.

Pero no nos olvidemos, seguimos siendo cuatro y el de la guitarra, solo que ahora nos encontramos todos divididos: unos quieren normas más estrictas, otros que los estrictos sean más laxos y otros que se prohiba prohibir. Somos una sociedad yonki del ruido y necesitamos crearlo. Así hemos conseguido convertir lo simple en algo innecesariamente complejo.

Un día, las tendencias, la moda o el ruido mirarán para otro lado, y volverá todo a sus orígenes. Quizá volvamos a las pruebas estilo Tour Divide, donde no hay apenas organización, ni siquiera cuestan dinero, pero sí hay filtro de selección y quien no acredite saber de qué va esto, no participa.

Lo bueno es que ahora hay dónde elegir: las hay grandes, pequeñas, competitivas o de pseudo competición, sin nada de esto y con todo mezclado, mediáticas y underground.

Pero que no se nos olvide, lo bonito de esta disciplina es su esencia pura: que siga siendo una aventura. Que quien lo pruebe salga transformado de ella, porque por un día, dos o una semana, la vida parece tan sencilla y el mundo exterior está tan en standby, que vivir y pedalear son exactamente lo mismo. ¿No crees?

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Gran Guanche Audax Road 2026: Análisis de las bicis de ultradistancia que desafían las Islas Canarias

La Gran Guanche Audax Road es uno de los eventos de bikepacking autosuficiente más exigentes de Europa: 750 km y 17.000 metros de desnivel positivo a través de las cinco islas Canarias, con un límite de tiempo de una semana. La quinta edición arranca el 25 de enero de 2026 desde Lanzarote, y solo 99 ciclistas con experiencia demostrada en ultraciclismo tendrán el privilegio de enfrentarse a este reto.

No es una carrera, es un audax: un desafío personal donde cada participante gestiona su propia estrategia, logística y ritmo. Desde Lanzarote hasta La Gomera, pasando por Fuerteventura, Gran Canaria y Tenerife, los riders afrontarán puertos míticos, vientos laterales intensos, cuatro ferries y condiciones climáticas cambiantes que van desde el calor del nivel del mar hasta temperaturas bajo cero en las cumbres.

¿Qué bicis eligen los ultraciclistas para la Gran Guanche Audax?

Hemos analizado 11 montajes de participantes del GGAR 2026 para descubrir las tendencias en material de cuadro, transmisiones, neumáticos y equipaje bikepacking. ¿Domina el carbono o hay espacio para el titanio y el acero? ¿Monoplato o doble plato para afrontar rampas del 15%? ¿Qué marcas de bolsas bikepacking son las más populares entre los participantes?

 
 
 
 
 

Megamo Silk 08CW


Roberto Escartin Gil (Española) | @robersabi | Cap#: 86

Experiencia: Norte a Sur 2025
Transpy 2025

Bikepaking Cataluña
Bikepacking. Aragón y Castellón.

Expectativas: Disfrutar.

  • Material: Carbono
  • Transmisión: Doble plato – Shimano GRX
  • Desarrollos: 48-31 – 11-36
  • Neumáticos: Michelin Pri 5
  • Peso: 15 kg
  • Equipaje: Bolsa de sillín Geosmina 10l
    Top tube Zefal.
    Frame Geosmina 1,5l
    Manillar Oxford Aqua evo 3,5

Specialized Tarmac sl8 RTP


Alex Caldentey Groves (España) | @a_caldentey | Cap#: 18

Experiencia: GranGuancheTrail 2024
Termes53 2025

Expectativas: Conseguir el Audax y terminar reventado 😁

  • Material: Carbono
  • Transmisión: Monoplato – SRAM red/ xrpl
  • Desarrollos: 50T – 44/10
  • Neumáticos: Continental GP 5000 TR 28
  • Peso: 11 kg
  • Equipaje: Cyclite cuadro
    Zefal sillín
    Zipp tubo vertical

Scott Addict Gravel


SERGIO TIRADO | @Nutricionsergiotirado | Cap#: 107

Experiencia: Brevets, Norte a Sur, Transpyrenee y viajes varios!

Expectativas: Disfrutar!

  • Material: Carbono
  • Transmisión: Doble plato – Sram rival
  • Desarrollos: 48/35. 10/36
  • Neumáticos: Schwalbe ONE plus
  • Peso: 14 kg
  • Equipaje: 2 geosmina (cuadro y toptube) Vaude 7L atrás

Pinarello Dogma F


Lukasz Marchewka (Poland) | @https://www.strava.com/athletes/8321287 | Cap#: 102

Experiencia: PBP2023 (56h) https://www.strava.com/activities/9701721147
🥇 Piękny Wschód, Pierścień Tysiąca Jezior, Brevet600, Małopolska 500, Roztoczańsko-Poleski Maraton Rowerowy, Le Tour de Smog
https://www.strava.com/activities/11939583332
https://www.strava.com/activities/11658098031
https://www.strava.com/activities/7481095853
https://www.strava.com/activities/5571344506
https://www.strava.com/activities/5681400690
https://www.strava.com/activities/15799658509

🥈 M500, Brevet 400, Końskie Harce
https://www.strava.com/activities/11821967071
https://www.strava.com/activities/5644549482
https://www.strava.com/activities/7255004439

Expectativas: Finish on Tuesday.

  • Material: Carbono
  • Transmisión: Doble plato – Ultegra di2 r8170
  • Desarrollos: 50/34 – 11-34
  • Neumáticos: Continental Grand Prix 5000 S TR 700x28C
  • Peso: 7,5 kg
  • Equipaje: Apidura Expedition 14L or Apidura Racing 7L saddle bag
    Zefal 1L top tube bag

Trek Domane


Marcus Ruchti (german) | @marcus_ruc | Cap#: 46

Experiencia: TPBR, Transpyrenees, Ultrabiking Sardinia

Expectativas:

  • Material: Carbon
  • Transmisión: Double plate – SRAM
  • Desarrollos:
  • Neumáticos: Schwalbe Pro One
  • Peso: 12,5 kg
  • Equipaje: Apidura, Cyclite

Seven Evergreen


Michael Coulter (UK) | @mikecou12 | Cap#: 57

Experiencia: TransAm Bike None Stop – 2025
GranGuanche 2025 (Scratched!)
Lands End John O Groats

Expectativas: The goal is to finish this year
Will aim for 6 days

  • Material: Titanio
  • Transmisión: Monoplato – Shimano GRX
  • Desarrollos: 36T – 10-50
  • Neumáticos: Continental GP 5000 35mm
  • Peso: ? kg
  • Equipaje: Tailfinn
 

Cube Agree ac:62 Pro – blackline


Stefan Sperdin (Austria) | @sperli_ | Cap#: 27

Experiencia: no ultracycling
Istria300 finisher

Expectativas: A boundary experience both physically and mentally, but nevertheless a great challenge and a super experience.

  • Material: Carbon
  • Transmisión: Double plate – Shimano Ultegra Di2
  • Desarrollos: 50x34T 11-34T
  • Neumáticos: Conti Grand Prix, Kevlar, 30-622
  • Peso: 8,2kg without bags, 12,5kg with bags (no water, no food) kg
  • Equipaje: Cyclite Frame Bag large / 01
    Saddle Bag small / 01

Bmc Teammachin R


Giovanni Luca (Italian) | @bikelikealaker | Cap#: 68

Experiencia: PBP 2023
Rando 600 Verona Resia Verona
Rando 600 Milan Genova Turin Milan
3 everesting
Ultradolomitica 380
Race Across Italy 775
Ultra Biking Sardinia 1000

Expectativas: We will ride in a group of 4 friends in a 6 days pace. ✌🏻

  • Material: Carbon
  • Transmisión: Double plate – Sram Red Axs
  • Desarrollos: 35/48
  • Neumáticos: Continental GP 5000 28
  • Peso: 7.3 kg
  • Equipaje: Miss grape
    Lower frame bag
    Upper frame bag
    Saddle bag
    1 small backpack q36.5

Canyon Ultimate CF SL 8


Marcel Niemann (German) | @mar_nie92

Experiencia: Gran guanche Road 2025

Expectativas: Come home save.
Hopefully on day 3.

  • Material: Carbon
  • Transmisión: Double plate – SRAM Red/Force AXS Mix
  • Desarrollos: 34/50 – 11/34
  • Neumáticos: Conti GP5000
  • Peso: 12kg kg
  • Equipaje: Apidura Saddle Bag 5L
    Apidura TopTube Bag 2L
    Salomon Hydro-Pack

Reilly reflex


Eva Berghofer (Austria) | @coffeeride.at | Cap#: 75

Experiencia:

Expectativas:

  • Material: Titanio
  • Transmisión: Doble plato – Shimano grx di2 12 speed
  • Desarrollos: 38/42 11-36
  • Neumáticos: Strada PAD 35
  • Peso: 10,5 kg
  • Equipaje: Tailfin + cyclite

Giant Revolt 2 (gravel)


Javier Ayúcar (España) | @brevetcard | Cap#: 62

Experiencia: Varios brevets de todas las distancias
Transpyrenees 22
Basajaun 22 (DNF)
Norte a Sur 24
El Camino 25
Londres-Floris-Londres 25 (Cancelada a mitad por el clima)

Expectativas: Salir a disfrutar y no pasar mucha miseria.
La idea es hacer a 4 días durmiendo en alojamiento todas las noches, pero hasta el sábado no tengo el avión así que sin ninguna presión.
Cuanta menos noche, mejor, que quiero conocer Canarias.

  • Material: Aluminio
  • Transmisión: Doble plato – GRX 400
  • Desarrollos: 48/31 x 11/36
  • Neumáticos: Bontrager AW3 32mm
  • Peso: 16.5 kg
  • Equipaje: Geosmina 10l sillín
    Decathlon 2,5l de sillín en los acoples
    Topeak 1l top tube
    Coumbus 0,5l top tube entre acoples
    3er portabidón con herramientas
 

Focus Atlas 8.9


frucomedia (España) | @frucomedia | Cap#: 106

Experiencia: Madrid – Barcelona Subir a Agüero con Borja Ir a Cucalón con Jurado Zaragoza – Ontinar x 1000 (en días no consecutivos)

Expectativas: Disfrutar sin pasar penas. Dormir todos los días al menos 6 horas.Vestir de corto.Ponerme hasta arriba de papas y helados.

  • Material: Carbono
  • Transmisión: Monoplato – SRAM Rival 12V
  • Desarrollos: 42T – 10-52
  • Neumáticos: Continental GP 5000 32
  • Peso: 10 kg
  • Equipaje: Rapha de cuadro y manillar Ortlieb 12l x 2 Rack trasero propio de la marca/bici

Basajaun 2025: el ultraciclismo en buena compañía no es tan duro.

Entre el silencio de la Selva de Irati y la dureza de las Bardenas Reales, esta crónica descubre que la verdadera recompensa del bikepacking no está solo en el trazado, sino en las historias de superación y los encuentros inesperados que surgen cuando el asfalto desaparece.

El sonido de la txalaparta rebota en las paredes de la plaza del Machete, en Vitoria, devuelve un eco de latido de corazón mientras 250 ciclistas lastrados con bolsas aerodinámicas de viaje esperan guardando un silencio reverencial. Dan ganas de huir, alejarse del primitivo sonido que produce la madera contra la madera, arrítmico, in crescendo, ancestral y tan salvaje como la carrera que está a punto de arrancar. En apenas cuatro ediciones, Basajaun se ha convertido en una de las grandes referencias del mundo del ultraciclismo, o bikepacking (las alforjas de toda la vida) de competición.

Hay lista de espera para participar y recorrer casi 900 kilómetros por senderos y pistas de grava, un bucle circular que nace y muere en la capital alavesa tras cruzar cinco milagros de la naturaleza: la Sierra de Urbasa, la Selva de Irati, el desierto de las Bardenas Reales, la Sierra de la Demanda y los Montes de Vitoria. Es decir, un sube y baja constante, 16.000 metros de desnivel positivo y la mente de su organizador, Carlos Mazón, para dar sentido y coherencia al trazado. Estudioso enamorado de la cartografía y también ciclista irredento, Mazón ha diseñado un trazado único que garantiza aventura y soledad… una evasión absoluta de la vida corriente. Para poder formar parte de los elegidos, los candidatos han de escribir una carta en la que justifiquen sus deseos de descubrir la prueba, misivas que Mazón repasa con diligencia.

Las reglas de las carreras de ultraciclismo son básicas: no se puede reservar alojamiento, hay que seguir un trazado que observa puntos de paso obligados, es preciso ser autosuficiente, solo se pueden usar las piernas para avanzar y existe un tiempo límite para finalizar la prueba. Después, el más rápido gana, lo que lleva a muchos a presindir del sueño, a pedalear de noche y a tragar kilómetros sin fin. Elijo dormir: no quiero que la noche me confunda ni me veo capaz de pedalear más de 15 horas al día, pero observo a los que me rodean, apenas 50 kilómetros después de la salida y solo veo ciclistas sin apenas alforjas.

“¿Dónde dormís hoy?”, pregunto cándidamente a un trío que solo habla de carbohidratos, medias, desniveles y estrategia. “Hasta mañana no dormimos… pero solo nos tumbaremos una hora”, responde uno, mirando con recelo mis nutridas alforjas. Después, aceleran y me quedo a solas con mis pensamientos oscuros pasando junto al cruce que lleva al Tejo de Otsoportillo de Urbasa, un lugar de una belleza tan seductora que cuesta olvidar. Mientras lamento no haber trazado un plan con hojas Excel incluidas, me adelanta un tipo jovial por la izquierda saludando al pasar.

Le reconozco: es Pedro Horrillo, ex ciclista profesional y colaborador de la sección de ciclismo de El País. Sin quererlo, le grito su apellido. Se gira, me pregunta si nos conocemos, le explico que habitualmente escribo de alpinismo en el periódico y entonces estalla: ¡Yo conocí a Bonatti! Todo esto exige una conversación. Horrillo viaja con Igor Miner, uno con el que compartí pelotón en mi juventud, uno que ganaba carreras de prestigio y que, no sé bien por qué, no llegó a ser profesional. Quiero saberlo. Sin saberlo, acabaremos rodando juntos tres días y medio… un sinfín de horas escuchando relatos que compartir. Incluso la dicha de la soledad elegida puede ser oscura si se compara con la recompensa de las nuevas relaciones.

Urbasa: En el Giro de 2009, durante el descenso del Culmine di San Pietro, Pedro Horrillo cayó por un precipicio, su cuerpo rebotando por un talud de 80 metros de desnivel: “mientras intentaba agarrarme a las ramas de los árboles, notaba cómo se me rompían los dedos. Fueron algunas de las 27 fracturas que sufrí”, recuerda. Todas las mañanas, en el Hospital de Bérgamo, le visitaba un cura. Por las tardes lo visitaba otro, o eso creía. La enfermera le aseguró que solo el cura de la mañana era auténtico, y que no sabía quién era el hombre de vestir elegante que todas las tardes pasaba un rato junto a su cama. Horrillo preguntó al desconocido su nombre: Felice. Un día después, le preguntó su apellido: Gimondi. Felice Gimondi, ganador del Tour de 1965, de tres Giros y una Vuelta, lombardo de nacimiento pero residente en Bérgamo. Horrillo le preguntó si conocía al gran alpinista Walter Bonatti, él sí nacido en Bérgamo. “Es mi amigo. Mañana te lo traigo”, aseguró Gimondi. Al día siguiente Bonatti le sonreía de pie junto a su cama asegurándole que los verdaderos héroes no son los alpinistas sino los ciclistas.

Selva de Irati: “Si no te operas las cervicales, un día estornudarás y te quedarás tetrapléjico”, le dijo el médico a Pedro Horrillo. “Pero existen muchas posibilidades de que la operación salga mal y no vuelvas a caminar”, añadió. El ciclista apostó por intentarlo y, cuando lo conducían al quirófano, pidió diez minutos a solas. Aparcaron la cama en una esquina y, entonces, empezó a mover los dedos de las manos, de los pies, levantó una rodilla, luego la otra, examinó sus codos, las muñecas, su capacidad para dibujar figuras a capricho en el aire. Se extasió con la dicha de la movilidad y trató de memorizar las sensaciones por si al cabo de la intervención las perdía para siempre. Fueron instantes de una intensidad que jamás había experimentado antes. Viéndole pedalear ahora, cabe decir que los héroes modernos no son ciclistas ni alpinistas, son los cirujanos.

Desierto de las Bardenas: Pedalear junto a Horrillo y Miner es como, para un entusiasta del fútbol, viajar en autobús durante días sentado a la vera de Andrés Iniesta y Xabi Alonso. Se me amontonan las preguntas, deseo saber la realidad del ciclismo profesional, las entretelas, las miserias, las alegrías, todo de primera mano. Recién pasados a profesionales, Pedro Horrillo y Oscar Freire aterrizaron en el ‘Infierno del norte’, es decir la París-Roubaix, la carrera de los adoquines. Sus compañeros de equipo, todos viejos zorros, cruzaron apuestas: ninguno de los dos llegaría siquiera al primer avituallamiento. Pero ambos cruzaron la línea de meta y se ducharon en las míticas duchas del velódromo de Roubaix, detalle que te convierte en un ciclista respetable para toda la vida. En la cena, su compañero de equipo Prudencio Indurain se disculpó y les hizo una reverencia. Con el tiempo, Freire ganaría tres mundiales de ciclismo y Horrillo sería su lanzador en múltiples escenarios.

Sierra de la Demanda: Hay ciclistas buenos y ciclistas ganadores. Miner era de los segundos. En la antesala del profesionalismo, lo que ahora es la categoría sub-23 y antes se llamaba ‘aficionados’, Miner era fuerte, listo y rápido. Tenía mucha clase. Ganó pruebas de enorme prestigio y tuvo un mánager que le aseguró que le había conseguido equipo, que estaba hecho, y que en menos de un mes tendría que volar a Bélgica para firmar su contrato profesional. Le dijo que le llamaría. Aguardó junto al teléfono vislumbrando la vida que siempre había deseado. Pero nunca recibió dicha llamada. Ahora es un masajista cotizado con consulta en Bizkaia pero sigue preguntándose qué existencia hubiera sido la suya de haber contado con un mánager serio.

Montes de Vitoria: Los que ganan pruebas como la Basajaun no duermen. Pueden pedalear casi 900 kilómetros con apenas 45 minutos de siesta. Al final, más que avanzar veloces se arrastran, tanto decae su rendimiento y su ritmo. Igor Miner y Pedro Horrillo saben de qué va el asunto: vienen del mundillo de los raids de aventura: orientarse, correr, caminar, pedalear y remar en kayak durante días sin apenas dormir. “Ves visiones que te acompañan durante horas, como un perro subido al kayak de tu compañero, un perro cuya presencia te inquieta y te irrita y justo cuando vas a preguntar qué narices pinta el animal en el bote, te das cuenta de que es una mochila… y de que no estás nada bien”. Nosotros dormimos una media de seis horas diarias, amén de múltiples paradas para comer lo que sea. Con Horrillo, las paradas breves no existen, me ilustra Miner: para empezar se descalza y, para seguir, empieza a hablar con cualquiera que se le cruce. Su capacidad para socializar es incluso superior a su capacidad de pedaleo. Es un torbellino. “O lo adoras o lo querrías matar”, zanja Miner.

 

Se ve ya el perfil de Vitoria, aunque parece que han pasado semanas desde que la dejamos atrás. No hace falta hacer la Basajaun con un dorsal. Se puede hacer a trozos o en varios días, saboreando cada metro recorrido, cada aldea perdida, cada bar de pueblo o refugio improvisado. Es un gran viaje, siempre multiplicado por el placer de los encuentros inesperados.

Mi Badlands 2023

Luis Alaix corrió participó en Badlands 2023, la prueba gravel por excelencia de Europa. Describe cómo se inscribió y preparó para la prueba, las dificultades que enfrentó, las personas que conoció y el viaje que vivió junto a su compañero de equipo Javi.

Septiembre 2023

Introducción

Muchos conocéis la Badlands, esa prueba (me resisto a llamarla “carrera”) cicilista de ultradistancia que se celebra en el sur de España, sale de Granada y recorre varios desiertos y varias provincias de Andalucía para terminar en Capileira, en la Alpujarra. Pero no quiero hablar de “la” Badlands, sino de “mi” Badlands.

Como devorador de cualquier cosa que se escriba en redes sobre la Badlands, he leído todos los artículos en español o en inglés que he localizado por las redes. Entre ellos, leí un artículo de Bradley Shenton, en off.road.cc, en el que se distinguía entre correr y participar en la Badlands (“race” y “ride”, en inglés). Me pareció una distinción muy interesante, la verdad, porque no es lo mismo lo primero que lo segundo. No tiene nada que ver la experiencia -ni, por supuesto, el esfuerzo- del que hace la prueba en 38 horas, sin dormir y casi sin parar, que la experiencia del que apura el límite de las 128 horas que hay para terminar (spoiler, mi Badlands fue del segundo tipo).

Esto enlaza con el matiz que he hecho en el primer párrafo: hay tantas Badlands como participantes y cada una de ellas es una experiencia única y maravillosa. Incluso, habiendo participado en la modalidad de pareja, como hice yo, nada tiene que ver mi experiencia con la de mi compañero, Javi. Cada uno, aun yendo los dos juntos en todo momento, vivimos la prueba de una manera muy diferente. Y esto es, en mi opinión, una de las mejores cosas que tiene la Badlands y el resto de pruebas de ultradistancia. Puedes aproximarte a ellas de tantas maneras diferentes que permite que lo disfrute un espectro muy grande de personas.

La organización

Creo que es un error pensar que la Badlands 2023 empieza el día 3 de septiembre de ese año. La Badlands empieza mucho antes: empieza cuando te dicen que tienes plaza. En mi caso concreto, la Badlands 2023 empezó un día del mes de julio de 2022. Sí, has leído bien, 2022. Ese día, a punto de irme a dormir, recibí un WhatsApp de mi amigo y cliente, Jesús. Decía algo así como “ha habido suerte (o no): te he conseguido una inscripción para la Badlands de este año. Tienes que inscribirte hoy mismo.” En ese momento, me empezaron a temblar las piernas. “No tengo material”, “no he hecho nada por el estilo en mi vida. Ni siquiera he hecho una salida que incluyera hacer noche” fueron frases que me pasaron por la cabeza. Por supuesto, eso no impidió que me apuntara inmediatamente. La suerte estaba echada.

El tema del material tenía fácil (aunque no barata) solución. Me hice una lista y fui a comprar todo lo que me faltaba (bolsas de bikepacking, material para dormir, un desarrollo adecuado… la lista era larga).
La parte de entrenar para algo así no era tan fácil, pero, bueno, se podía hacer. Mis vacaciones empezaron poco después y empecé a salir con la bici cargada hasta arriba para acostumbrarme al peso y al comportamiento de la bici con bolsas.

Por desgracia, la aventura acabó pronto: el día 2 de agosto de 2022, de la forma más tonta, me caí de la bici y me rompí el quinto metacarpiano de la mano izquierda. Tres semanas escayolado. Imposible salir a principios de septiembre a pasar una semana montando en bici. Por suerte, David, de la organización, fue muy comprensivo y me dijo que no había ningún problema en participar el año que viene. Me guardaba un puesto.

Como no hay mal que por bien no venga, ese año extra me iba a permitir estar más preparado y no hacer todo deprisa y corriendo. Además, Javi, un amigo del colegio, parecía convencido e iba participar, así que podría hacer la prueba en buena compañía. Por desgracia, una cosa era estar convencido y otra muy distinta, tener plaza: no hubo suerte y no consiguió plaza en el sorteo. Pero, bueno, no estaba todo perdido, y se apuntó a la lista de espera.

Yo, mientras tanto, iba entrenando lo que el trabajo y la familia me permitían. Además, como cumplía 45 años en 2023, pensé que era un buen regalo de cumpleaños tener esta aventura (y una bici nueva, ya que estábamos).

El año va a avanzando y llegamos al mes de mayo: el mes de la Virgen, de mi cumpleaños… y de una visita al dermatólogo con resultado inesperado. Resulta que tenía un melanoma y había que quitarlo y ver cómo de malo era. Fueron unas semanas entre regulares y malas, con la cabeza en otro sitio y entrenando mucho menos de lo que estaba planeado. Por suerte, todo quedó en un susto (gordo, eso sí).

El mes de mayo no solo trajo malas noticias: tras un correo a David preguntándole si había habido alguna cancelación, me confirma que hay plaza para Javi, pero que tenía que apuntarse en 24 horas. No sin dudarlo, Javi se apuntó. Su principal miedo/problema es que no tenía bici de gravel. Como es un valiente (¿o inconsciente?) aceptó mi ofrecimiento y llevó la bici que no utilizaría yo. Para adaptarse a una bici de una persona que mide 10cms menos que él, le bastó con hacer un viajecito con colegas de 3 días…

En ese momento no era consciente, pero que Javi se apuntara cambió totalmente lo que habría sido la Badlands de haberla hecho yo solo. Sin duda, fue una experiencia mucho más enriquecedora y completa. Me atrevería a decir que pasó de ser un evento deportivo a una experiencia vital. Por supuesto que, de haber ido solo, habría disfrutado, habría sufrido y habría conocido dónde están mis límites. Pero ir con Javi, además de darme la oportunidad de conocerlo mejor, hizo que la Badlands fuera, como digo, una experiencia vital. No voy a decir que me haya cambiado la vida, pero sí que me ha hecho ver la vida de una forma un tanto diferente. No le puedo estar más agradecido a Javi por haberme acompañado en esta locura y por haber sido el mejor compañero posible.

Cada uno como pudo fuimos preparándonos para la prueba. Varias llamadas para discutir material a llevar (Javi, tirando a poco; yo, el justo o, incluso, algo más), el planteamiento de la prueba (Javi me quitó enseguida la idea de dormir a la intemperie y, por si no me la había quitado, no llevó saco ni nada, así que dormiríamos en hoteles o casas rurales). Mucho mensaje de WhatsApp y muchos nervios y nos plantamos el 2 de septiembre en Granada, durmiendo en casa de los padres de Javi. Empieza la aventura.

La prueba
El previo

Javi voló de Berlín a Málaga el viernes y, después de pasar por la playa un rato, cogió el tren para Granada. Yo no llegaría hasta el sábado para aprovechar las últimas horas de vacaciones en familia. El sábado prontito cogí todos los bártulos, carretera y manta hasta Granada. Teníamos bastantes cosas que hacer el sábado antes de empezar con nuestra aventura: recogida de dorsal, briefing y últimas compras.
Después de todos nuestros recados, vuelta a casa de los padres de Javi para cenar, preparar las bicis y dormir. No puedo estar más agradecido por lo hospitalarios que fueron los padres de Javi.

Día uno: Granada – Villanueva de las Torres. 152km. 3.147 metros.

Por fin había llegado el día. Había que estar a las 7:30 en el Palacio de Congresos de Granada, así que teníamos que salir de casa de los padres de Javi a eso de las 7:15. Sin problema. Nos ponemos el despertador a las 6:15 y vamos sobrados. Al fin y al cabo, habíamos preparado las bicis el día anterior, así que tampoco necesitábamos tanto tiempo para arrancar. Resultado: llegamos a la salida a las 7:55, cinco minutos antes de la salida. Tiempo de sobra…
Pues vamos allá. Los primeros kilómetros son un aviso a navegantes: casi 2.000 metros de desnivel en poco más de 40kms. Por suerte, no hace sol y vamos fresquitos. Tan fresquitos que nos empieza a lloviznar. Parada para taparse. Seguimos pedaleando. El paisaje es muy bonito y podemos disfrutarlo un poco.

Después de unos 60kms (la cabeza de la carrera ya va por el km110…), decidimos parar en una gasolinera a tomar algo caliente. Javi va mejor, pero yo me estoy quedando pajarito, así que me pongo el plumas a ver si entro en calor. Aquí tuvimos nuestro primer golpe de suerte porque empezó a llover como si no hubiera un mañana. Como estábamos a resguardo, no nos mojamos. Javi ayudó a todos los guiris a conseguir algo de comer haciendo de intérprete, mientras yo terminaba de entrar en calor. Una hora y media después, habiendo dejado de llover, decidimos seguir nuestro camino.

Seguimos pedaleando durante unos cuantos kilómetros, que incluyeron la primera de las “subidas” que nos marcaba el GPS: la subida al Mirador del Fin del Mundo. Subida corta (menos de un kilómetro), pero infernal, con una pendiente que llegaba al 18%. Muy dura, pero permitía probarse un poco para ver dónde estaban los límites. En esa subida decidí que mi objetivo iba a ser tratar de hacerlas todas sin poner pie a tierra (spoiler, no lo conseguí).

Tras una zona de caminos bastante bonita, bajando un rato por una garganta espectacular, llegamos a un pueblo y decidimos parar a merendar. Estaba claro que nuestro planteamiento era muy distinto al de mi amigo Jesús, que no dormiría más que 5 horas en toda la prueba y no pararía casi ni para mear…
En esa parada conocimos a una chica mexicana a la que Javi ayudó a conseguir un sándwich (no quedaba nada en el restaurante, pero se lo prepararon con lo que tenía la familia que lo llevaba). No lo sabíamos, pero acabábamos de conocer al tercer miembro de nuestro equipo.

Con las fuerzas que nos había dado el helado de la merienda, seguimos dándole a los pedales. Esta era una de las partes que se habían modificado de la ruta original para evitar riesgos por las lluvias torrenciales previstas (ya sabéis, Badlands light en palabras de Flecha) e hicimos bastante carretera, pasando por delante del hotel que habíamos reservado un rato antes.

Aquí nos surgen las primeras dudas: ¿paramos ya? ¿o seguimos pedaleando y volvemos al hotel después (la ruta daba una vuelta y, aunque no volvía a pasar por el hotel, sí que pasaba cerca)? Llegamos a la conclusión de que era demasiado pronto y que se nos alargaría demasiado el día siguiente, así que seguimos pedaleando.

Pasamos por Gorafe donde vemos a muchos participantes parados cogiendo fuerzas, pero nosotros decidimos seguir sin parar. La subida a la salida de Gorafe empieza fuerte, sigue más fuerte y acaba fortísima. No solo tiene una buena pendiente, sino que, además, es larga y hace bastante viento. Aquí es la primera vez que pongo pie a tierra porque no puedo (quiero pensar que fue por culpa del viento y no de la pendiente…jeje). Pero el esfuerzo merece la pena porque las vistas desde arriba son impresionantes.
Después de una bajada un poco técnica (diría que la más técnica de todo el recorrido), pero, por suerte, corta, empieza la subida que más tocado dejó a Javi.

Yo subo a mi ritmo y, cuando llego arriba, paro a esperar a que llegue Javi. Pasa más rato del que esperaba y, cuando, por fin llega, su aspecto no es bueno. Avanzamos un par de kilómetros llaneando, pero no se recupera, así que decidimos parar un rato para que se le pase la pájara y para que yo haga mis necesidades y estrene la pala que llevaba para enterrar deshechos. A los dos nos vino bastante bien esta parada. En mi caso, el estómago me estaba molestando bastante y esto lo solucionó todo. En el caso de Javi, porque estaba muy al límite. No hay que olvidar que era el tercer día que utilizaba esa bici, que no era de su talla, y que Berlín -que era donde había estado entrenando- no se caracteriza por sus pendientes, precisamente. Tan mal estaba que, como me diría más tarde, tuvo una charla con un gato que se le cruzó mientras estaba tirado en el suelo.

Con las fuerzas muy justas, decidimos llegar a Villanueva de las Torres y ahí ver qué hacemos. Según nuestros cálculos el hotel que habíamos reservado estaba 10km pasado Villanueva de las Torres y dentro de la ruta. Estaba ya anocheciendo, así que encendemos las luces y reemprendemos el camino. Suave y con cuidado.

Por fin llegamos a Villanueva de las Torres y, tras un par de vueltas buscando un sitio en el que nos dieran comida caliente, nos metemos en el bar de Isa y Valentín. La primera en la frente: nuestro hotel está, efectivamente, a 10km de distancia, pero no en la ruta, sino fuera. Y es todo subida. No era la noticia que necesitábamos después de 150km… Pero, de repente oímos a Isa decirle a uno de los que estaban tomándose una cerveza tranquilamente en la barra “Juan, ¿por qué no acercas a estos chicos al hotel con tu furgoneta?” “Venga, vale. El año pasado me pasé toda la tarde arreglado bicis de gente que no sabía cómo. Este año puedo acercarlos al hotel.” No dábamos crédito. Eran casi las 10 de la noche y este hombre iba a dejar de tomarse su cervecita para coger la furgoneta, hacer 10km de ida y 10 km de vuelta para llevar a dos chalados desconocidos a un hotel. En ese momento, descubrimos que todavía hay gente buena en el mundo. Y no sería la última vez en el viaje.

Mientras esperábamos a que Juan estuviera listo para llevarnos, Javi decidió fumarse el cigarrito del día, así que salimos a la puerta del bar. Isa nos dio un poco de conversación, contándonos cómo el primero que pasó no paró ni a saludar (Morcillo, que acabaría retirándose sobre el kilómetro 500 por problemas con la rodilla). También charlamos un rato con una pareja de chilenos a la que yo no conocía, pero que Javi había visto antes/después de hablar con el gato. Su plan era llegar hasta Hinojares, 50km más adelante. Era imposible que nosotros hiciéramos algo así. Nos ceñíamos a nuestro plan de ir al hotel.
Poco antes de salir para el hotel, apareció la chica mexicana, Yuliana, y nos preguntó si podía venir con nosotros a ver si había suerte y había una habitación para ella en el hotel. Por supuesto que podía.
Como los tres no cabíamos en la furgoneta, Juan lio a su socio -que también se llamaba Juan- para que se viniera. Javi y Yuliana fueron con él y yo, con el Juan original y las bicicletas. Como Javi es mucho más hablador que yo, obtuvo mucha más información de su Juan que yo del mío: su trabajo consistía en reformar cuevas de la zona para hacerlas habitables. Muy interesante, la verdad.

Tras 20 minutos de carretera llegamos al hotel. Los Juanes no nos aceptaron ni una cerveza y se fueron en cuanto descargamos las bicis. Por suerte para Yuliana, había una habitación libre y pudo dormir en cama. También vimos a otra pareja que se había equivocado y, en lugar de seguir la ruta del safe track, siguieron la ruta original y habían acabado de barro hasta las orejas y les faltaba toda la parte del desierto que empezaba al pasar el hotel. No les envidiaba nada de nada. Pobres.

Después de una ducha reparadora, bajamos al restaurante del hotel a cenar. La habitación, que no era precisamente barata, al menos incluía un muy buen menú del día que me supo a gloria. Yuliana nos acompañó en la cena. Nos contó que era mexicana, pero que vivía en Dubái, que le gustaba mucho la bici y que esta era su primera experiencia gravel. También nos dijo que su plan para el día siguiente era estar en marcha a eso de las 6am. Nosotros ni de broma madrugábamos tanto. Es más, teniendo en cuenta que nuestro objetivo era llegar a Gor y que eso no eran mucho más de 100km, no pensábamos despertarnos antes de las 9:30.

Día dos: Alicún de las Torres – Gor. 106km. 2.032 metros.

Como somos gente de palabra, nos despertamos pasadas las 9:30, tranquilamente, nos bajamos a desayunar, nos vestimos y limpiamos las bicis, que estaban llenas de barro. Sobre las 11 de la mañana estábamos dando pedales. Tranquilamente.

El segundo día sería, para mí, y a pesar de que el paisaje seguía siendo espectacular, el peor de todos. No por duro ni por largo, que fue el más corto y tranquilo de toda la prueba, sino porque, al habernos quedado algo descolgados del grueso de los participantes, fue el único en el que no me dio la sensación de estar participando en un evento colectivo. Por supuesto, era mejor que mis salidas habituales. Al fin y al cabo, si no estoy haciendo rodillo, lo más normal para mí es salir solo (muy excepcionalmente salgo acompañado porque me resulta complicado cuadrar agendas con mis amigos ciclistas), por lo que ir con Javi era ya una mejora muy significativa. Pero, como digo, este día fue el único día en el que no vimos a nadie en toda la ruta y, además, mirando el dot watcher estábamos bastante lejos de todos los participantes que llevábamos por delante. Claramente, nuestro planteamiento de dormir mucho y bien no era el de la mayoría.

Una vez pasado Villanueva de las Torres, y, por tanto, otra vez en ruta, hicimos algo de carretera, pero pronto nos metimos por caminos sencillos con muy buen paisaje. Si bien el día anterior había sido casi todo subida, este día tuvimos una buena bajada, muy chula y no demasiado técnica, pero nos reafirmamos en que parar a dormir había sido una buena idea. Esa bajada no muy técnica, al ser por caminos, no la hubiéramos disfrutado mucho de noche, la verdad.
Nuestro día lo habíamos planificado en dos partes casi de la misma distancia: pararíamos a comer en Hinojares, que estaba a unos 50km y dormiríamos en Gor, que estaba a poco más de 100km de nuestro punto de partida del día.

El trayecto hasta Hinojares fue bastante sencillo y sin sobresaltos. Solo hubo una subida dura (la Subida de Chillar, algo más de 2km con 8,5% de desnivel medio). Hinojares, no obstante, fue una gran decepción. Ni un restaurante abierto, así que comimos en un chiringuito que estaba a punto de cerrar, pero el dueño, muy amable, nos preparó unos sándwiches mixtos y nos dio agua, Aquarius y un par de helados. Nos contó que era lo único que le quedaba porque habían arrasado los ciclistas que habían pasado antes que nosotros (casi todos, añado yo).

El tema de la comida, me estaba dando cuenta después de este día y medio, era algo curioso. Yo era más de comer en el primer sitio que encontráramos y lo que nos dieran. No porque no me guste comer bien, que me encanta, sino porque, en una situación como esta en la que estábamos, mi prioridad era reponer fuerzas antes que comer bien. En cambio, Javi era más de buscar buena comida (sopa, a poder ser), aunque eso supusiera dar vueltas por cada pueblo por el que pasáramos para encontrar el restaurante “bueno”.

Tras reponer fuerzas en Hinojares, seguimos nuestra ruta. Bastante carretera, algún que otro camino, pero nada ni muy complicado ni reseñable. Parada a merendar en otro pueblo. Solo había abierto una especie de pub en el que estaba la gente a eso de las 4 de la tarde tomándose sus copazos. Curioso cuando menos. Bueno, nos quedaba ya poco para Gor, que era nuestro destino ese día. Iba a ser un día corto, pero, una vez pasado Gor, nos esperaban casi 100km sin ningún sitio donde dormir y, además, a unos 2.000 metros de altitud, así que no era viable el avanzar más. Ya habíamos reservado un hotel a unos 5 kilómetros de Gor que no tenía mala pinta. Un poco rollo lo de salirnos de la ruta, pero solo eran 5 kilómetros de ida y 5 de vuelta.

Una bajada muy bonita, bordeando el Embalse del Negratín, nos llevó a la parte dura del día: casi 20km de subida, la mayor parte por carretera, aunque también con un trozo de camino entretenido. Aquí adelantamos, nos volvió a adelantar, uno de los participantes de la prueba.

A eso de las 7pm llegábamos a Gor y nos llevamos la sorpresa del día. Según estamos llegando a la plaza del pueblo, empezamos a escuchar música a tope (si no me falla la memoria, sonaba The best, de la gran Tina Turner), y, al girar, una curva, nos encontramos una pancarta gigante de “Gor with Badlands” y a unas diez personas del pueblo aplaudiéndonos y animándonos. El día, que, como he dicho, había sido regular, acababa de mejorar exponencialmente. Menudo subidón. También estaba Yuliana y otro participante. En ese momento, el otro participante no era más que un personaje que llevaba seis tercios de cerveza (Alhambra verde, para más detalles) y que estaba a punto de pedir vasos de chupito donde poner el ron de la petaca que llevaba enganchada en la horquilla de la bici. No sabíamos que se convertiría en el cuarto y último miembro de nuestro equipo.

Después de un par de cervezas y algo de cenar, mucha música buena y unas risas con los goreños, nos acercamos al súper del pueblo a comprar algo más de comida. Ahí coincidimos con el alcalde del pueblo, que, además de una buena charla, nos consiguió habitación en una casa rural que estaba en el mismo pueblo. Nos acabábamos de ahorrar 10km. El alcalde nos contaba cómo habían decidido volcarse con la Badlands, montando la música en la plaza y habilitando una zona para dormir y duchas para los participantes. Creo que esto no solo es positivo para los que hacíamos la prueba, sino también para los pueblos por los que pasábamos. Mucho tendrían que aprender de él otros alcaldes.
Le decimos a Yuliana que le hemos conseguido un sitio donde dormir y ducharse y nos fuimos a dormir los tres, que al día siguiente sí que madrugábamos. Además, teníamos que descansar, que ya nos habían avisado de que el día empezaba fuerte.

Día tres: Gor – Lucainena de las Torres. 185km. 3.199 metros.

A las 8am estamos dando pedales otra vez. La subida empieza pronto y se iba a alargar 15km. Pronto nos separamos; primero dejo yo a Javi y Yuliana para seguir mi ritmo y, poco después, Javi se descuelga de Yuliana. Esta es una de las subidas más bonitas que hacemos. Larga, pero tendida, sin mucho repecho matador. Al rato de ir solo, adelanto al de las cervezas. “Everything ok?” “Uh, didn’t sleep well (normal, con todo lo que bebiste, pienso). Another rider came in late and woke me several times.” Jajaja, no fue por el alcohol, sino por el otro ciclista. Como descubriríamos en los próximos días, Sonny, que así se llamaba, era todo un personaje.

Sigo subiendo hasta que llego al final de la subida y ahí paro a esperar a Javi. Sonny pasa, se para un rato y sigue subiendo. Al rato, llega Javi y retomamos la marcha. El trayecto transcurre por unos caminos bastante cómodos de rodar. Es un trozo entretenido y con un paisaje casi lunar muy chulo. La verdad es que es increíble la cantidad de paisajes distintos que nos vamos encontrando en tan pocos kilómetros. Acabamos llegando a la carretera que sube a Calar Alto. Ya queda poco para que se termine el esfuerzo y comience la bajada más larga de toda la prueba (o, al menos, la más rápida, ya que transcurre por carretera). Después de la bajada, llegamos junto con Sonny a Gérgal, donde paramos en el primer bar que encontramos abierto a reponer fuerzas. Nos dicen que han hecho kilos de pasta para los ciclistas (no lo dice, pero claramente, en su cabeza a la palabra “ciclista” le ha seguido “locos”). Mientras esperamos que llegue la comida nos coge Yuliana, que se para también a comer.

Con el optimismo que da el tener la barriga llena, nos planteamos que podríamos ser capaces de llegar hasta el hotel de la madre de Blanca, la mujer de Óscar, otro amigo del colegio, así que decidimos llamar a Óscar para preguntarle si hay habitación. Después de un par de llamadas, tenemos tres habitaciones (Sonny planteó la posibilidad de que fueran dos, pero Yuliana lo cortó de raíz). Ya tenemos un plan, así que retomamos el camino. Próxima parada, Tabernas.

Después de bastantes kilómetros alternando caminos y carreteras, llegamos a Tabernas, donde asaltamos el primer súper que encontramos y, mientras reponemos fuerzas, sentados a la puerta, empezamos a debatir qué hacer. El plan originario que teníamos Javi y yo era parar aquí a dormir, pero todavía es relativamente pronto y nos quedan fuerzas. Sonny, revisando el track, nos dice que parece que, después de una subida más o menos sencilla, de unos 15km, hay un par de pueblos en los que podríamos dormir. Aquí ya nos hemos dado cuenta de que no hay manera de llegar al hotel de la madre de Blanca, así que, sintiéndolo mucho, cancelamos la reserva. Reservamos habitación en otro hotel en un pueblo al que, calculamos, podríamos llegar sin problema. ¡Ja!

Con la barriga llena, empezamos a pedalear, tras unos kilómetros de caminos llanos, empieza la subida. El inicio es duro, no por la pendiente, sino porque es arena suelta y la bici se queda clavada. Al rato, me descuelgo del grupo y empiezo a ir a mi ritmo. La subida es muy bonita, y las vistas, espectaculares. Pero, poco a poco, va anocheciendo, y la subida no se acaba. De repente, ya no se ve nada. Toca encender la luz y ver cómo se me da eso de montar en bici de noche. Por suerte, el camino es ancho, el firme es bueno y, al ir subiendo, la velocidad, baja, con lo que no tengo sensación de peligro en ningún momento.
Acabo haciendo cumbre a eso de las 10:30pm.

Hace un frío considerable y yo estoy empapado del esfuerzo, así que lo primero que hago es quitarme toda la ropa mojada y ponerme ropa seca. Me pongo todo lo que tengo, incluido el plumas, que hace mucho frío. A la media hora, llega Sonny y, a los 40 minutos, Javi y Yuliana. Javi llega maldiciendo, está muy enfadado con Sonny y su “una subidita sencilla y estamos arriba”. Unos minutos después de su llegada, reemprendemos el camino. Por suerte, a partir de aquí es todo bajada y, casi todo, asfaltado. Lo malo: todavía nos quedan 40km para llegar al hotel que tenemos reservado.

Tras 25km llegamos a Lucainena de las Torres. Ahí Javi dice que él no sigue pedaleando y que, si hace falta, duerme en la calle. Son casi las 12 y hace bastante frío. Se nos cruza una chica paseando a un perro y Javi le pregunta si conoce algún sitio donde podamos dormir. Nos indica que hay uno en el pueblo un poco más adelante, y vamos para allí. Tenemos esperanzas de dormir y cenar caliente.
Nuestras esperanzas se desvanecen cuando llegamos al Hotel Montesión y nos dicen por el telefonillo que están llenos. “¿Pero nos podéis dar algo de comer, al menos?” Después de unos segundos de dudas, nos dicen que sí. Mientras esperamos en la calle a que nos abran, aparece la chica del perro y nos pregunta si hemos conseguido habitación, le decimos que no y nos contesta que esperemos un segundo. Saca el móvil, y llama por teléfono: “Oye, hay aquí unos chicos que quieren dormir… sí, de los de las bicis… ¿Cuántos sois?… Dicen que cuatro… vale, ahora se lo digo.” Dirigiéndose a nosotros: “he hablado con la encargada, viene para aquí, que dice que tiene camas para vosotros.” En ese momento creo que éramos las personas más felices del mundo. Habíamos tenido la suerte de preguntarle a la chica que se encargaba de la limpieza del hotel y ésta nos había conseguido habitación.

Los dos cocineros del hotel -que eran los que nos habían atendido- nos habían preparado una cena espectacular: ensalada, huevos rotos, cervezas… Más gente buena, que son capaces de retrasar la vuelta a casa tras un día duro de trabajo para dar de cenar a cuatro chalados. Mientras estamos cenando llega la encargada, Mailín, que nos dice que tiene una suite y dos habitaciones de empleados en las que podemos dormir. Le dejamos la suite a Yuliana, Javi y yo compartimos una de las habitaciones y Sonny se queda con la otra.

Mailín resulta ser bastante maja (aunque un poco chalada) y Sonny, que no pierde oportunidad, le dice que se siente con nosotros a tomarse un vino. La sobremesa, aunque estamos agotados, se alarga un poco más de lo esperado. Tras una ducha reparadora, nos vamos a dormir a eso de las 2:30am.

Día cuatro: Lucainena de las Torres – Enix. 149km. 2.068 metros.

Al haber trasnochado, este día volvemos a no madrugar demasiado y estamos rodando a eso de las 10am. En principio, contábamos con ir Javi y yo solos con Yuliana porque Sonny había dicho que trataría de madrugar algo más, pero finalmente salimos los cuatro juntos. El inicio de la ruta discurre por un carril bici sencillo y llano que va paralelo a la carretera. Nuestro primer objetivo lo fijamos en el hotel en el que habíamos reservado y al que no llegamos. Claramente, era demasiado ambicioso. Ahí, hacemos una parada técnica para re-desayunar y seguimos pedaleando. Siguiente objetivo: llegar a la costa y comer en un chiringuito.

Esta parte del viaje, entre el re-desayuno y la comida es, creo, la que más dura se me hizo a nivel mental. No porque fuera especialmente complicado el terreno (que no lo era) ni porque el paisaje fuera feo (que tampoco lo era). La verdad es que no sé el motivo, pero fue el único momento en que se me hizo un poco duro mentalmente. Un punto bueno de esta parte es que pasamos por delante del hotel de la madre de Blanca. Foto obligada, por supuesto, y comentarios de “menudos optimistas que somos, creyendo que podríamos haber sido capaces de llegar hasta aquí el día anterior.”

En esta parte, tengo oportunidad de charlar con Sonny un poco y conocerlo más. No es solo el chalado que se mete 6 cervezas en medio de una prueba como esta y que está todo el rato pensando en mujeres. Es bastante majo y muy agradecido: me da las gracias a mí y a Javi por haberle “acogido” y que, si no fuera por nosotros, se habría retirado ya. No me esperaba algo así, la verdad. Da gusto.

Llegamos a la Isleta del Moro y pudimos sentarnos en un chiringuito a comer y beber en condiciones. Un par de horas después, arrancamos de nuevo con el objetivo de llegar a Almería y ahí, ya decidir. Justo a la salida de San José empiezan los problemas de Javi con el freno trasero. Esta primera vez, por suerte, Sonny puede arreglarlo y dejarlo en perfecto orden de marcha.

Pasada la playa de los Genoveses, empieza una de las subidas más bonitas que recuerdo. Es dura, pero las vistas al mar y las playas de la zona merecen cada una de las pedaladas que tenemos que dar. Javi llega poco tiempo después que yo y tenemos oportunidad de pasar un buen rato tranquilamente charlando y mirando el paisaje. Tras la bajada, parada técnica en un ultramarinos de uno de los pueblos por los que pasamos para comer y debate sobre si paramos en Almería o seguimos. Yuliana está fastidiada de ánimos (entre otros motivos, me imagino porque había perdido su móvil y estaba incomunicada del mundo exterior) y se empieza a plantear que Almería sea el punto final de su aventura.

Por su parte, Sonny es partidario de dormir en Almería y no alargar demasiado el día (mi sensación es que tiene cargo de conciencia por la paliza que nos dimos el día anterior siguiendo su propuesta de alargar más allá de Tabernas). Javi es el que defiende seguir porque dice que empezamos a ir un poco justos para cumplir con la hora límite de llegada. Yo vuelvo a estar bien de ánimos, así que me parece perfecto seguir. Finalmente, decidimos que, si conseguimos alojamiento en Enix, seguimos; si no, dormimos en Almería. Así que empezamos a mirar en booking y a llamar a casas rurales. Poco éxito; todo está lleno. Sin perder la esperanza, retomamos la marcha.

Poco antes de llegar a Almería, Javi consigue alojamiento en Enix, así que la suerte está echada, pasamos Almería, una subidita del estilo de la del día anterior, y nos plantamos en Enix. Vamos ya mentalizados a llegar tarde a dormir y a tener que hacer una subida de unos 15km. Nada puede salir mal. Pobres infelices.

A pocos kilómetros de Almería, se nos acerca un chico con una bici de montaña. “¿Sois de la Badlands?”, nos dice. Resulta que nos estaba siguiendo por el track y había salido de su casa a saludar. Nos pregunta que a dónde vamos, le decimos que nuestro plan es llegar a Enix y decide acompañarnos un rato. Este es el tipo de cosas que te alegran.

Atravesamos Almería y empiezan otra vez los caminos. Ya es de noche, así que ponemos las luces y seguimos. La salida no es la parte más bonita del trayecto. Enseguida empezamos a subir. Mi idea es seguir haciendo lo que he hecho siempre en las subidas: tirar por mi cuenta y vernos arriba. Pero, al ver el percal, cambio de opinión: esta subida no es un camino bien pisado y ancho, es un camino de piedras, no muy ancho y con precipicio a un lado. Como vaya solo y me pase algo, no me encuentran. Así que decido esperar al resto del grupo. Lo que hacemos es iniciar la marcha juntos, Sonny y yo vamos un poco más rápidos y Javi y Yuliana un poco más lentos, así que cada 500 metros paramos y nos reagrupamos.

Cuando estamos juntos todos otra vez, vuelta a empezar. Así, seguimos los 15km de la subida, que nos llevan casi 3 horas y media. A tomar por saco nuestras previsiones. Una vez más. Además, tengo al de la casa rural pendiente y escribiéndome cada rato. Le habíamos dicho que calculara que llegaríamos a las 10-11pm. Al final, coronamos a eso de las 12 y todavía nos queda más de media hora de bajadas hasta Enix. Por suerte, aunque las fuerzas y los ánimos van justos, la bajada es por una carretera en buen estado.

Llegamos a Enix poco antes de la 1am. Aunque nos toca esperar un poco a los de la casa rural, merece la pena: la casa está genial y nos han preparado una cena muy rica. Y nos traen agua y cerveza para un regimiento. Sonny se ofrece a dormir en el sofá-cama del salón (aunque amenaza con dormir en pelotas… le quitamos la idea rápido), Yuliana a una de las habitaciones y Javi y yo, a la otra.

Día cinco (y seis): Enix – Capileira. 180km. 4.932 metros

Como de costumbre, nos levantamos con calma, sabiendo que nos espera un día duro. Sonny, en cambio, decide que va a intentar llegar hoy a la meta, así que desayuna rápido, se toma una cerveza y sale pitando. Javi, Yuliana y yo cerramos la casa, buscamos una cafetería y nos tomamos nuestro desayuno reglamentario.

Con la barriga llega, y sin mucha prisa, empezamos la jornada. Habiendo revisado lo que nos tocaba, sabíamos que, aunque el día empezaba fácil, con una bajada de unos 7km, luego nos enfrentaríamos a una subida de 20km, pasando por Félix.
En la subida a Félix ya nos separamos de Yuliana, que, con el desarrollo que llevaba, no podía enfrentarse cómoda a los rampones. La subida, por carretera, se hace dura por lo larga que es y, me imagino, por todo lo que llevamos acumulado.

Una vez finaliza la subida, viene uno de los tramos del que mejor recuerdo tengo. Se trata de unos caminos de tierra por los que se puede rodar fácil y con un buen paisaje, pero lo que más recuerdo es que fueron bastantes kilómetros en los que fuimos Javi y yo solos y que, sin recordar perfectamente de qué hablamos, sí que guardo muy buenas sensaciones de nuestra conversación. No podría decir nada concreto sobre esta parte, me vienen imágenes y fragmentos deslavazados de conversación a la cabeza, pero, cuando pienso en este tramo, siento mucha paz.

Nuestro siguiente objetivo es conseguir un sitio para comer algo sólido. El siguiente pueblo en la ruta es Instinción. Parece que el bar del pueblo no abre los jueves, así que tendremos que ver si conseguimos llegar a tiempo al supermercado. Por desgracia, no lo conseguimos, así que no podemos comer. Con la incertidumbre de no ser capaces de conseguir comida, los ánimos están regular. Aquí, buscando un sitio donde nos den algo de comer, nos encontramos con otro de los participantes: un británico de mediana edad que, en ese momento, estaba hablando por teléfono con su hija. Por lo que oímos y entendemos, ella estaba bastante preocupada por su padre. Es curioso cómo siempre tenemos a una mujer que se preocupa por las locuras que se nos ocurren: nuestras madres, primero; luego nuestras mujeres y, finalmente, por lo que veo, nuestras hijas… Después de hablar un par de minutos con él, decidimos seguir la marcha.

Lo siguiente que viene es una buena subida, así que, muy justos de fuerzas y con algo de hambre, vamos avanzando poco a poco. Tras unos 10km llegamos a un cruce (la Barriada de Alcora). El track nos lleva a la izquierda, pero hay algunas casas a la derecha, así que Javi propone salirnos de la ruta a ver si conseguimos algo de comer, aunque sea preguntando casa por casa.

Por suerte, no es necesario, pocos metros más para adelante encontramos un bar con un chico súper simpático que nos da todo lo que necesitamos para reponer fuerzas. Por la aplicación, vemos que Yuliana no está lejos (¡qué dura es!), así que le mandamos un mensaje diciéndole dónde estamos. Al rato, aparece el británico, que se sienta también a comer, y poco después, Yuliana. Comemos, bebemos, un poco de crema para el sol y vuelta a empezar.

Tras un rato, nos separamos de Yuliana y seguimos, una vez más, Javi y yo por nuestra cuenta. Pasamos un par de pueblos sin parar. En uno de esos pueblos están dos chicas que están haciendo la prueba en parejas y a las que íbamos viendo en la aplicación cada vez más cerca, pero no llegábamos a cogerlas. ¡Por fin!

Después de unos 15km, llegamos a Láujar de Andarax y decidimos que nos hemos ganado un helado, así que paramos a por la merienda. Mientras estamos con el helado, llega Yuliana y ya decidimos seguir todos juntos. Lo siguiente que viene son unos 25km de, básicamente, bajada por caminos y carreteras. Así que nos dedicamos a disfrutar y recuperar fuerzas. Poco después nos daríamos cuenta de que las íbamos a necesitar.

Atravesamos sin parar varios pueblos hasta que llegamos a Darrícal. Aquí es donde todo vuelve a ser Badlands puro y duro. Atravesamos un riachuelo y empezamos otra vez con caminos. Son, más o menos, las 8pm y nos separan unos 15km de Murtas, que es el pueblo en el que tenemos previsto hacer noche. No parece difícil. Y una mierda.

Esta es una de las subidas duras que nos tenían preparadas, y no éramos conscientes. Mucho desnivel, a ratos, terreno técnico y ya se nos había hecho de noche. El cóctel perfecto. Aquí volvemos a coincidir con las dos chicas y avanzamos con ellas. Es difícil seguir el camino y nos toca deshacer lo andado más de una vez. Resumiendo, llegamos a Murtas pasadas las 12am.

Por supuesto, al llegar al pueblo, no sabemos dónde ir y todo parece cerrado. Por suerte, hay un grupo de chicos haciendo botellón y nos dan el teléfono de Eduardo, el encargado del albergue, al que llamamos sin dudarlo. Muy majo, nos dice que, aunque ya estaba en su casa, se acerca al albergue a darnos de cenar y dejarnos camas para dormir.

Cuando llegamos al albergue, decididos a cenar y dormir, Javi nos plantea que cree que, si dormimos, no nos dará tiempo de llegar dentro del plazo. Después de un rato de debate y dudas, nos convence y decidimos tirar. Ducha, comida caliente y vuelta a la bici. Son casi las 2am.
Siguiente parada, Cádiar, que está a otros 15km de distancia. El inicio es fácil y nos da ánimos, pero pronto nos metemos por unos caminos del infierno y, además, el freno de Javi vuelve a dar problemas. Tenemos que parar un par de veces a separar los pistones porque va totalmente frenado. No quiero ni imaginarme lo que le costó esta parte, que ya era dura de por sí, con el añadido del freno. Hacer los 15km hasta Cádiar nos lleva unas 3 horas…

En Cádiar tenemos que hacer una parada porque Javi se estaba quedando dormido dando pedales. Nos tiramos en una cancha de baloncesto y ponemos el despertador 15 minutos más tarde.
El siguiente objetivo es Trévelez. Los ánimos están bastante bajos. La bici de Javi sigue dando problemas y, en una de las paradas para intentar arreglarlo, Yuliana dice que ella no puede más y que le cambia la bici a Javi para que él pueda seguir y ella ya verá. Javi le dice que ni de broma, que hay que seguir. En ese punto, nos volvemos a separar de Yuliana porque, aunque acepta seguir, decide ir a su ritmo.

Después de unas 21 horas desde que empezamos a pedalear, nos enfrentamos a un tramo de carretera infernal: medio kilómetro a más del 19%. Por supuesto, lo hacemos los dos andando. Pasado ese tramo, la cosa mejora, pero no mucho. Sigue siendo una buena subida. Llega un momento en que decidimos quitar las pastillas del freno trasero de la bici de Javi: mejor no poder frenar, que ir frenado. Sobre todo, si no hacemos más que subir. Este tramo hasta que llegamos a Trévelez, no solo vamos agotados físicamente, sino que, además, vamos muy agobiados pensando que no llegamos dentro del corte a Capileira.

Pero, cuando conseguimos llegar a Trévelez, sabiendo que solo nos que solo nos quedan 20km, todo cambia: ¡la vamos a conseguir!

Paramos a tomarnos un buen desayuno y miramos qué ha pasado con Yuliana. No solo no se había retirado, sino que le sacábamos muy pocos kilómetros, así que la esperamos.
No recuerdo bien en qué punto, nos encontramos también con Sonny. Nos da mucha alegría a todos ver que lo vamos a conseguir. Los siguientes kilómetros vuelven a ser por caminos, subida al principio, y llaneando más adelante. Es el momento de disfrutar. Como los últimos dos/tres kilómetros son de bajada, decidimos parar para volver a poner las pastillas del freno trasero de Javi.

Tras la parada, una de las partes más emocionantes: bajada preciosa por caminos viendo al fondo Capileira. En ese momento, se me pasan muchas cosas por la cabeza: el brazo roto, el día que me dijeron que tenía un melanoma, Javi diciendo que se apuntaba, las muchas horas de entrenamientos, la ilusión del proceso de fabricación de la bici, el trayecto de Málaga a Granada, la noche antes de empezar organizándolo todo con Javi, la salida…
Y, por fin, la meta.

Meta

La llegada es, como no podía ser de otro modo, muy emotiva. Ahí está la organización y los participantes que habían llegado antes que nosotros ese día (y algunos del día anterior) aplaudiendo y dándonos la enhorabuena. Al final, nos han “sobrado” unas tres horas. Desde que salimos de Granada el domingo a las 8am han pasado 125 horas y 6 minutos. Por ponerlo en contexto, el primero en terminar necesitó 38 horas y 20 minutos. Todavía tenemos algo de margen de mejora…

Mientras estamos hablando con David, el organizador, que nos ha hecho entrega de la medalla de Finisher, aparece Sonny, que había llegado un rato antes que nosotros, y me da uno de los abrazos más emotivos que me han dado en mucho tiempo. Después del abrazo, se gira para decirle a David que este era uno de los dos de los que le había hablado gracias a los cuales había conseguido terminar la prueba. Lo dicho, una persona muy agradecida. Nunca habría dicho, cunado lo vi por primera vez, que le iba a coger tanto cariño.

También están por ahí la pareja de chilenos que habíamos conocido el primer día. Se acerca el chico, con una sonrisa de oreja a oreja, y me dice: “¡cómo me alegro de que verlos aquí! Paulina y yo estábamos convencidos de que, si alguien no iba a llegar eran ustedes. Pero lo han logrado.” La verdad es que no lo culpo por pensarlo, el primer día yo tampoco hubiera dado un duro por nosotros. Pero da gusto ver a alguien que apenas nos conoce alegrarse de una forma tan sincera por otra persona.

Mientras Javi, Yuliana y yo comemos algo en la terraza del bar que está junto a la meta, me llegan los mensajes de mis padres y de María, mi mujer, dándome la enhorabuena. Los tres habían estado siguiéndonos con el dot watcher. Con María, además, hablo por teléfono. Está muy contenta por mí por haber terminado la prueba, y más contenta aún porque no me haya matado intentándolo. Me dice que tanto su padre como Pedro, el amigo ciclista de su padre, nos han estado siguiendo toda la prueba. Hace mucha ilusión ver cómo nos han ido siguiendo, sufriendo por nosotros, y, de alguna manera, acompañándonos durante todo el trayecto.

Todavía llega algún participante más. Pocos, eso sí. Creo que, sino el último, el penúltimo en llegar es el británico de la hija preocupada. ¡Lo ha conseguido! Por poco, ya que llega 20 minutos antes de la hora límite, pero dentro del tiempo reglamentario. El pobre rompe a llorar como un bebé al cruzar la meta y todos los que estamos ahí nos ponemos a aplaudir. Otro momento que se me quedará grabado para siempre.

Vuelta a casa

Aunque existe la posibilidad de llegar a Granada en bici, no estamos para muchas alegrías, así que optamos por la opción del autobús. El trayecto se hace algo largo, son muchas curvas y ya tenemos ganas de llegar a casa. De camino, nos llegan mensajes de Sonny preguntándonos dónde viven los padres de Javi. Cuando llegamos, ahí está: nos ha traído camisetas de Northwave, la empresa en la que trabaja, a Javi, Yuliana y a mí como muestra de agradecimiento. Nos volvemos a abrazar y se marcha. También nos despedimos de Yuliana con un buen abrazo.

Después de una buena ducha, cenamos en compañía de los padres de Javi, que quieren saberlo todo sobre nuestra experiencia y nos vamos a dormir. Estando ya en la cama, Javi, que se había pasado renegando de la prueba todo el rato (“estafa piramidal” lo llamaba), me dice: “tal vez, dentro de muchos años, estaría bien preparar un poco más la prueba y tratar de llegar a Gor con tiempo para poder pasarlo el segundo día porque, la verdad, solo es cuestión de hacer 50km más el primer día y está hecho…” Esto es Badlands, una prueba que te lleva al límite, te hace maldecir el día en que decidiste apuntarte, pero que te atrapa y te hace querer volver.

El sábado me levanto pronto, desayuno, agradezco la hospitalidad a los padres de Javi, me despido de Javi, y cojo carretera para Madrid, que quiero llegar pronto para aprovechar el fin de semana con María y los niños.

Durante el trayecto de vuelta tengo tiempo para recordar todo lo que ha pasado los últimos días. Cómo he disfrutado y sufrido. Los paisajes bonitos y variados que hemos visto. Las conversaciones con Javi. Las personas que he conocido; no solo Yuliana y Sonny, también los Juanes, Mailín, Eduardo… No han sido ni seis días de aventura, pero ha sido tan intenso que parecen muchos más.

Últimas reflexiones

Han pasado seis meses desde que Javi y yo tomamos la salida en Granada y no hay una semana en la que no haya pensado en esa semana de septiembre en la que, contra todo pronóstico, conseguimos terminar como pareja Badlands 2023.

Ha sido una de las experiencias más intensas y especiales que he tenido en mi vida. Si no hubiera sido por la Badlands, creo que el año 2023 habría estado en el top 3 de años malos, pero esta prueba lo cambió totalmente. Porque, aunque sea una prueba ciclista, la bici es lo de menos, es una mera excusa. Al menos, habiéndola hecho como la hicimos nosotros. Para mí, la Badlands ha sido un viaje en el que, sobre todo, he podido disfrutar de las personas con las que lo he compartido. Principalmente, he disfrutado de la compañía de Javi que, no sin ciertas dudas, se lanzó a hacer una prueba para la que, sobre el papel, no estaba preparado, pero que con mucho esfuerzo y sufrimiento consiguió terminar. Gracias a su punto de locura, he podido disfrutar mucho más de lo que habría disfrutado y conocer gente que no habría conocido.

No sé si alguna vez volveré a participar en alguna edición de la Badlands, pero lo que tengo claro es que sí que haré más viajes en bici. Y que los haré en compañía.

Gran Guanche 2022

Patxi Plazaola debutó en las pruebas de ultradistancia corriendo la Gran Guanche 2022, que consiste en atravesar las Islas Canarias a través de cinco islas. A pesar de ser su primera ultra, termina la carrera satisfecho y honrado de haber llegado detrás del ganador, Ulrich Barthölmes, considerado uno de los mejores ciclistas de ultradistancia.

Enero 2022

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